¿El retorno de Belloc?
Perdón por que sea en inglés...
Leed.
Belloc predijo la guerra del Islam
De vez en cuando, un comentario sobre cuestiones de actualidad de Chile, América y el mundo, por Cristóbal Orrego Sánchez, Profesor de Derecho en la Universidad Católica de Chile.
Perdón por que sea en inglés...
Leed.
Belloc predijo la guerra del Islam
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Cristóbal Orrego
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7:43 p.m.
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El Arzobispo de Concepción da en el clavo. Recomiendo la lectura de su documento.
Leed, de iglesia.cl
Monseñor Fernando Chomali emite documento dirigido a agentes evangelizadores
| Viernes 22 de Agosto del 2014 | |||||
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Cristóbal Orrego
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10:10 a.m.
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Cuando en 1925 se consumó la separación entre la Iglesia y el Estado, que al final ha dejado a las dos instituciones en el estado que actualmente podemos contemplar, desde el epíscopado alguien dijo algo así como "hoy se separa el Estado de la Iglesia, pero la Iglesia nunca se separará del Estado". Cito de memoria, no es textual, es simplemente la idea del viejo clericalismo que se niega a morir. Y que me parece que no morirá nunca, porque no tenemos kriptonita, ni estacas de plata, ni veneno para ratas cuánticas.
Aquí una muestra del equilibrio político de la Iglesia.
Leed, de iglesia.cl (por suerte a estas cosas van cuatro gatos, y siempre los mismos gatos, aunque reconozco con pesar que van más gatos que a nuestras jornadas de derecho natural...):
Con temáticas contingentes finalizaron las Semanas Sociales en Diócesis de Talca
| Viernes 22 de Agosto del 2014 | |||||
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Cristóbal Orrego
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10:08 a.m.
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El Papa Francisco anima y nos lanza a promover la familia. El horizonte del Papa permite comprender que algunas exigencias difíciles, contrarias a la mundanidad dominante, están llenas de sentido.
Leed, de Vatican.va:
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Cristóbal Orrego
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11:36 a.m.
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Cristóbal Orrego
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12:59 p.m.
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Domingo 20 de julio de 2014Defensa de la moral sexual católica
"Alguien dirá que la tarea de la Iglesia es proclamar la buena noticia (que la muerte fue derrotada y nuestros pecados perdonados por el sacrificio del Hijo de Dios) y que entonces eso es lo que importa y no lo otro..."
¿Debe la Iglesia Católica morigerar sus enseñanzas en materia de moral sexual luego de constatar que ellas, como se acaba de informar, no interpretan a la mayoría de quienes se dicen católicos?
El Papa Francisco encargó averiguar qué relación había entre la enseñanza doctrinal de la Iglesia y las convicciones de quienes se dicen católicos. El resultado fue sorprendente. La Conferencia Alemana informó que "las afirmaciones de la Iglesia sobre las relaciones sexuales prematrimoniales, la homosexualidad, los divorciados vueltos a casar, y el control de la natalidad, son temas que encuentran poquísimos consensos o son rechazados abiertamente". La Iglesia Suiza, por su parte, hizo saber que "la prohibición de los métodos artificiales de contracepción está muy lejos de la práctica y de las ideas de la gran mayoría de los católicos". Otros informes, de Francia o Japón, algunos de los que se han hecho públicos, son similares. La situación tampoco es muy distinta en Chile. La Encuesta Nacional de Iglesia (realizada por la Universidad Católica en 2001) mostró que apenas un 20% de los católicos se oponía al uso de anticonceptivos (la práctica que condenó Humanae Vitae ).
Así, entonces, allá y acá habría una abierta discordancia entre lo que los católicos declaran y lo que la Iglesia enseña.
¿Deberá entonces la Iglesia cambiar su punto de vista para así reducir la brecha entre lo que enseña y lo que la gente cree o hace?
Por supuesto que no.
Una de las cosas que impresionaron a Bertrand Russell cuando leyó la Biblia que su abuela le regaló fue una frase que ella había subrayado: "No seguirás a una multitud para hacer el mal" (Éxodo, 23:2). A partir de allí, confesó Russell, "nunca sentí temor de pertenecer a las pequeñas minorías". Russell nunca creyó las cosas que las religiones enseñaban; pero siempre pensó que esa frase ocultaba una profunda verdad: las cosas son buenas o malas, correctas o incorrectas al margen del número de personas que crea en ellas. Este principio epistemológico que contiene la Biblia es irrefutablemente cierto. La verdad de un enunciado no depende del número de personas que lo profieran o lo aplaudan. Luego, si la Iglesia Católica -como ha enseñado ya por siglos- piensa que el matrimonio es indisoluble porque Dios se hizo presente en él; que el comportamiento homosexual es un error grave; que el uso de métodos artificiales para el control de la natalidad, un crimen; y si piensa todo eso de veras, a pie juntillas, tal como lo ha proclamado una y otra vez, entonces debe seguirlo proclamando aunque eso equivalga -como acaban de informar las Conferencias Episcopales de Alemania, Francia o Japón- a ser "una voz que clama en el desierto" (Juan 1:23).
Alguien dirá que la tarea de la Iglesia es proclamar la buena noticia (que la muerte fue derrotada y nuestros pecados perdonados por el sacrificio del Hijo de Dios) y que entonces eso es lo que importa y no lo otro. Pero, ¿de qué valdría predicar esa buena nueva a costa de sacrificar las enseñanzas que la acompañan? ¿Qué buena noticia puede haber a costa de sacrificar la naturaleza, la verdad de la condición humana? Es verdad que la evangelización de América requirió una cierta flexibilidad hacia el sincretismo cuyo resultado es la religiosidad popular, pero esa concesión a las costumbres se hizo para esparcir la verdad no para sacrificarla.
Por supuesto alguien argüirá que la verdad se descubre poco a poco conforme avanzan la historia y las costumbres; pero ese argumento es falaz. Si se le sostiene, la Iglesia sería relativista. Y entonces, ¿quién sería el responsable de haber condenado a los homosexuales, excomulgado a los divorciados, anunciado las penas del infierno a los que emplearon métodos anticonceptivos? ¿Acaso las brumas de la historia y las costumbres, las telarañas del tiempo? Y si eso es así, ¿por qué los creyentes habrían de confiar en lo que se les dirá mañana, si pasado mañana podría revelarse como un error?
No, no hay caso.
Es inevitable que la Iglesia Católica siga el consejo de Shakespeare: morir con las botas puestas. Hacerse irrelevante, pero con la doctrina en los labios. Así no desilusionaría a los no creyentes que combaten su dogmatismo creyéndola un adversario y podrá decir como Macbeth: "Moriremos, al menos, vestidos de armadura".
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Cristóbal Orrego
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11:50 p.m.
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De Infovaticana.
Aunque lo hayan desmitificado, seguro que existió.
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Cristóbal Orrego
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11:39 p.m.
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Se discute en Chile si la Iglesia podrá cambiar o no su posición sobre moralidad sexual. Es obvio que en lo esencial no puede cambiarla, pero en cosas accidentales sí que puede. Por ejemplo, sobre la pedofilia, siguiendo la moda general de la sociedad, antes prefería tratar estos asuntos muy discretamente, para evitar el escándalo de los fieles. Ahora estima mejor, en cambio, la transparencia, aunque haya algo de escándalo. Pero no se le ocurría, ni antes ni ahora, afirmar que su doctrina moral debía adaptarse a la creciente aceptación de la pedofilia en la sociedad.
Les dejo las palabras fuertes del Papa Francisco.
Homilía del Papa en la Misa por las víctimas de abusos sexuales
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Cristóbal Orrego
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7:36 p.m.
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Parece poco caritativo decir que los defensores del aborto son mentirosos, pero lo son en general. Los otros, los que no mienten, han sido engañados. Si son adultos responsables e instruidos, su engaño es seguramente ignorancia culpable o estupidez supina.
Leed.
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Cristóbal Orrego
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3:47 p.m.
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