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miércoles, noviembre 15, 2017

Carta a mis familiares y amigos: ¡voten Kast, voten 2!

Queridos abuelas y abuelos, papás y mamás, hermanos y hermanas, primas y primos, tías y tíos, amigas y amigos:

Todos saben cuál es mi política de siempre: no hacer propaganda política en las reuniones familiares, siguiendo la práctica instaurada desde la reconciliación nacional después de que las familias se dividieron en la cruenta guerra civil que terminó con la dictadura. Entonces comprendimos que la unidad familiar está por encima de ser o no balmacedistas.

Por eso, ahora, sabiendo que la familia está por sobre el kastismo o el piñerismo, les dejo estas consideraciones solamente a quienes quieran asomarse a mis empeños políticos, más allá del ámbito familiar. Y vaya por delante que, como pueden atestiguar mis primos izquierdistas como Claudio, actual Intendente de Santiago y leal colaborador del régimen, mi afecto personal y admiración hacia cada uno de ustedes no depende en ninguna medida de sus personales preferencias políticas, por muy erradas que puedan estar.

Dicho lo anterior, les resumo mis opiniones sobre el valor y la dignidad del voto en las próximas elecciones.

Primero. Defiendo la honestidad de quienes deciden abstenerse por razones válidas y no por indiferencia. Es injusto achacar motivos espurios a quienes simplemente no hallan motivos altos para ir simplemente a anular un voto, cuando no encuentran candidatos dignos de su atención. El derecho a votar —que no es una obligación, ni siquiera legal— conlleva el deber moral de ejercerlo para el bien común; pero no existe ningún dogma de fe o de moral que obligue a apoyar el sistema como un todo o que prohíba abstenerse como modo de protesta ante una oligarquía, de las izquierdas y de las derechas, que promueve o tolera las peores aberraciones. Abstenerse también es una forma de cumplir el deber de ejercer un derecho.

Segundo. Respeto desde lo más profundo de mi ser a todos los que, sin culpa de su parte, apoyan a las izquierdas. No los juzgo, no los condeno, no tengo esperanza de cambiar su opinión.

Tercero. Respeto a quienes votan por el democristiano Sebastián Piñera, fijándose en su capacidad técnica, aunque olvidan su delicuescencia ética. Los respeto, sobre todo, si realmente no tienen convicciones contrarias en asuntos en los que el ex Presidente ha concedido demasiado a los enemigos de la civilización: el maltrato a los militares, las concesiones a la ideología de género y a la ideología indigenista (acompañada de terrorismo), la indiferencia frente a la ley de aborto (no se propone revertirla). Les deseo que, cuando comprendan el daño que todo esto causa, aun cuando vaya unido al progreso económico, puedan realizar opciones más justas. Los respeto porque se equivocan pero no traicionan sus convicciones más profundas actuales.

Cuarto. Respeto como personas e hijos de Dios, pero no respeto en cuanto ciudadanos dignos de este nombre, a quienes van a votar por Sebastián Piñera a pesar de contradecir las convicciones más profundas, religiosas y morales, de sus conciencias. Que alguien diga que va a votar por un candidato como “mal menor”, cuando tiene a mano uno que es simplemente bueno, habla muy mal del sentido de su propia dignidad como ciudadano. Que alguien vote por miedo a que la izquierda siga en el gobierno, cuando se juega solamente la decisión de las dos primeras mayorías, revela que le da prioridad a consideraciones económicas por sobre las de tipo ético. Y ese es el rasgo típico del plutócrata, que no merece respeto. A quienes estén así de confundidos, aunque estén de buena fe, los llamo a recapacitar y a votar por José Antonio Kast.

Con ese fin, me haré cargo de las principales objeciones.

1.ª Ya hemos refutado hasta el cansancio la teoría del voto útil. Como SP no va a ganar en primera vuelta de ninguna manera, lo racional es manifestar cándidamente la propia opinión en esta elección del 19 de noviembre. SP simplemente no tiene consigo el voto de la derecha dura (núcleo militar o agradecido a los militares y núcleo cristiano que aborrece las políticas liberales en el orden moral), que tampoco votará por él en la segunda vuelta. Ni siquiera Bachelet en su segundo intento, con la más alta popularidad a su regreso en gloria y majestad desde la ONU, pudo ganar en la primera vuelta. Por eso, lo más racional habría sido hacer pasar a los dos (JAK y SP) a la segunda vuelta. Si no se han creído esa posibilidad, aunque cada día somos más, por lo menos deben saber que la satisfacción moral de votar según la propia conciencia y no según el miedo es posible y que no hay nada que temer.


2.ª Algunos piensan que el mejor es Kast, pero que no ha llegado su hora, porque lo más importante en este minuto es un mejoramiento de la economía y es Piñera quien tiene la mayor capacidad, experiencia e inteligencia para poder levantar económicamente a Chile. Esto es una soberana tontería por dos razones: (a) porque dar prioridad a la economía por encima de la moral y de los valores cristianos es vender el alma al demonio, padre de la mentira, y al ídolo del dinero; pero, además, (b) ¡porque las propuestas económicas de Kast son mejores!, y, en realidad, con el equipo económico será tan eficiente como SP o más (recuerden que SP, por concesiones a la izquierda, subió impuestos y aumentó el tamaño del Estado).


3.ª Teniendo en cuenta que los únicos escenarios posibles son dos: (1) pasa SP con otro de izquierda (si falla la estrategia de Kast a segunda vuelta), y (2) pasa SP con Kast; pero que no es plausible, de ninguna forma, que SP gane en la primera vuelta, entonces es obvio que todos los que admiran a Kast porque es hombre de palabra, dice lo que piensa y hace lo que dice, y encarna la continuidad del impulso truncado de Jaime Guzmán, pueden efectivamente darse el gusto —como dicen otros con desprecio— de votar por el bien y no por el mal, por convicción y no por presión. De esta manera, es falso que se pierda el voto. Por el contrario, se gana el voto. Los dos escenarios posibles son: (1) JAK no pasa a la segunda vuelta, pero al reflejar mejor las convicciones de la población puede influir más en que el segundo gobierno de SP no sea tan izquierdista como el primero; o (2) gracias a la suma de los que iban a votar por SP, que se pasan a JAK, José Antonio pasa a la segunda vuelta: el mejor de los mundos posibles. Es decir, en ningún caso se pierde el voto que se le otorgue a Kast.



4.ª Algunos creen que es imposible que Kast salga elegido Presidente. Concordemos en que es difícil. Casi imposible. En cambio, que pase a la segunda vuelta sería relativamente fácil, si todos los que van a votar como mal menor por SP (quien ya tiene el paso asegurado) se decidieran a votar por Kast. ¡Es un círculo vicioso! ¡Kast no pasa a la segunda vuelta porque no votan por él los que dicen que no votan porque no va a pasar a segunda vuelta…!

Les ofrezco este cálculo, que ha hecho un amigo (Pablo Gaete), en el supuesto de que efectivamente consigamos mover a las conciencias y detener el voto por miedo o por mal cálculo. El cálculo correcto es este:

Total de votantes habilitados: 14.308.151

Evangélicos serían alrededor del 18% de los chilenos: 2.700.000
Evangélicos (civiles) = 2.400.000.-

Fuerzas Armadas, carabineros y ex uniformados:
Uniformados activos: 140.000
Reservistas: 104.000
Ex uniformados: 156.000
Total: 400.000
Familia militar completa (incluye cónyuge + 1,75 hijos mayor de 18 años): 1.500.000.-

Católicos (67% de la población): 9.600.000 votantes habilitados.
Católicos (civiles) = 8.600.000.-

Todo el resto (civiles no evangélicos y no católicos): 2.800.000

Supuestos.-

Votan por Kast:
1 de cada 4 evangélicos (civiles): 600.000.-
1 de cada 3 Familia Militar: 500.000.-
1 de cada 20 católicos (civiles): 430.000.-
2,5% del resto: 70.000.-
Total votos Kast: 1.600.000.-

Si vota un 10% más que la 1.ª vuelta de la elección presidencial anterior, sería el 54% de los habilitados (la 1.ª vuelta de la elección presidencial 2015 fue el 49%), serían: 7.726.000 votos válidamente emitidos.-

% de Kast = 20,71%

Es decir, Kast puede pasar a la segunda vuelta. Mi cálculo hilarante (sin calculadora) siempre arroja 21,45% o 22,12% o 23,34% (es para despistar).

Por otra parte, insisto en que incluso si perdiera —en primera o en segunda vuelta—, la votación de Kast sería la señal más poderosa de que representa a gente con sus principios.


5.ª Otros dicen que Piñera es bueno, ya lo hizo bien, que lo haga de nuevo, porque la izquierda hace todo mal. Esta tesis es irrelevante: cualquiera de derecha lo haría igual de bien. Por otro lado, parece que se refiere a la cuestión técnica solamente; pero la política es mucho más que eso. ¿Es bueno un candidato que viene con tantos descalabros en su vida pública y financiera, con tantas actuaciones cuestionadas, con tantos conflictos de interés, con tantas concesiones éticas a las peores ideologías de la época? ¿Ser rico es sinónimo de ser bueno? Atención: no me refiero aquí a su honestidad como persona privada —a quien respeto como a todos—, como hombre, marido, padre de familia, amigo, que es algo que desconozco y no me interesa ahora, ni quiero atacarlo en este plano de ninguna manera: grandes reyes tuvieron debilidades, como Fernando el Católico y Felipe II, y también grandes santos como san Agustín y santa María Egipciaca. Esta es la razón, por ejemplo, por la que apoyo a Donald Trump, aunque sus defectos personales son patentes.


6.ª Luego vienen los que simpatizan con el sobrino, Felipe Kast, que es un liberal de derecha. A estos votantes los valores morales no les interesan mucho y menos en el ámbito que debe exigir el Estado (no le toman el peso al matrimonio homosexual sobretodo). Son los liberales que tildan a Kast de mojigato extremista, y como «todos los extremos son malos» votan por Piñera, que es el candidato de derecha que queda. Esta gente tiene razón en votar por Piñera. Su error es mucho más de fondo y al menos ellos tienen a su favor que no venden su alma por miedo: la venden por plata y por sexo. Ellos son la derecha a la que desprecio con toda el alma: superficial, frívola, entregada a la revolución sexual (porque no ven nada de malo en pecados que claman por venganza al cielo), que tampoco advierten las grandes injusticias económicas y sociales porque viven de triunfo en triunfo en medio del exitismo profesional, los altos salarios, la prepotencia, los viajes de placer, las familias glamorosas hasta que se quiebran bajo el libertinaje de las infidelidades matrimoniales, el arribismo, el servilismo al dinero, el hablar de plata todo el día, el sentirse superiores porque tienen más aunque hace tiempo que renunciaron a ser más. Para ellos solamente imploro de Dios que los convierta, que les abra los ojos; pero discutir de votaciones en conciencia con gente plutócrata y corrompida no tiene sentido. Dan asco. Si alguno se siente herido por estas palabras, que sepa que en mí siempre hallará una mano amiga para conversar del tema y transitar hacia una vida digna del hombre.


7.ª Otros están anestesiados ante la gran injusticia que ha cometido Chile contra sus militares. Que los que cometieron crímenes deban pagarlos, es de sentido común, siempre que eso incluya a todos por igual. Pero hoy tenemos a terroristas gobernando y a militares metidos a la cárcel, sin debido proceso y con saña vengativa. Cualquiera que considere como anticuado defender esta causa, mientras todavía quedan personas en la cárcel, incluso de avanzada edad y con enfermedades invalidantes, tiene una insensibilidad moral probablemente anclada en los mismos vicios ya mencionados. ¿Qué más quisiéramos que cerrar ese capítulo doloroso de nuestra historia? ¡Pero no podemos hacerlo a costa de olvidar a los únicos que han pagado los costos de una orgía sangrienta montada por civiles!


8.ª Finalmente, a los jóvenes de derecha les digo una sola cosa: si ahora que son jóvenes, ahora que tienen ideales y altos sueños, se dejan embaucar por argumentos miedosos o por ideologías depravadas, no quiero pensar lo que pasará cuando sean viejos. En este sentido, se entiende que los jóvenes de izquierda hayan sido siempre más dignos de admiración que los de derecha: aquellos tienen ideales altos y no los transan; estos copian discursos y estéticas izquierdistas, pero están cerrados a los grandes ideales. ¿Tiene que ser siempre así? ¿Realmente están obligados a pensar que la moral, la justicia, el bien común, no son más importantes que el éxito económico individual o colectivo? Da pena una juventud así. Da pena.

¡Ánimo a todos, que alguna vez en la vida, y es ahora, se puede obrar conforme a lo que se cree!


Voten Kast, voten 2.

Carta de respuesta a Luis Larraín

No fue publicada, pero hice el intento de escribir algo más tranquilo que la diatriba del otro día.

Copio.


Oligarquía vergonzante: réplica a Luis Larraín


Señor Director:

¿Quién habría pensado que un líder de opinión de derecha, ministro del gobierno militar y acérrimo defensor de la economía liberal, habría instado a votar por Sebastián Piñera, un candidato más cercano a Aylwin y a Bachelet que a la derecha tradicional?

Así lo hace Luis Larraín en su columna del sábado. Sus argumentos no convencen.

Comienza por adherir a la campaña del voto útil, que, por temor a que gane la izquierda, procura atraer a los que votarían por José Antonio Kast si siguieran sus convicciones. No tiene sentido, porque Sebastián Piñera pasará a segunda vuelta en cualquier caso; pero el peor escenario es que enfrente a una izquierda unida, en lugar de a un candidato de derecha. Además, esta campaña del terror patriótico, “por nuestros hijos”, etc., lleva a rebajar la dignidad ciudadana de quien, por un miedo irracional, renuncia a manifestar en primera vuelta, donde no se juega ningún “mal menor”, su auténtica visión ética y política.

Lo más sorprendente, con todo, es que Larraín no acepte que «Kast representa mejor el pensamiento de derecha». En todos los puntos que sirven hoy para contraponer a la derecha y a la izquierda, Kast gana: defensa de los valores tradicionales (vida y familia, con la intención de revertir la ley de aborto y de detener el avance de la agenda LGBTI); reconocimiento del legado del gobierno militar y protección de los derechos fundamentales de los militares; mano dura contra el nepotismo, la corrupción, el narcotráfico, el terrorismo y la delincuencia; reconocimiento de la presencia pública de la religión, especialmente de la mayoritaria (cristianismo), sin menoscabo de las otras; Estado pequeño, impuestos más bajos, economía libre de mercado; transversalidad social y económica (como la de Pinochet y la primera UDI); etcétera.

A uno puede gustarle o no la derecha, pero decir que Kast la representa menos que Piñera me parece, a lo menos, autoengaño.

En su empeño por probar su punto, el columnista afirma que es “artificioso … esgrimir el pinochetismo para votar por José Antonio Kast”. Por mi parte, no creo que haya nadie que sea leal a la memoria de Pinochet —o a los militares perseguidos— y que pueda votar por Piñera. Tan absurdo es el argumento, que para probar que Kast no representa al pinochetismo… Larraín tiene que afirmar que «el pinochetismo nunca existió». Aquí apelo a la memoria de los chilenos, desde 1973 hasta los funerales del Presidente Pinochet, pasando por su detención el Londres. Otra vez: a uno puede gustarle o no el pinochetismo, pero decir que “nunca existió”… es, como mínimo, un potente autoengaño.

Finalmente, Luis Larraín acude a un argumento desesperado: que “la candidatura de Kast es una candidatura sobre el pasado y la de Piñera una sobre el futuro”. Desconoce así la naturaleza de toda política y de toda elección: las alternativas son siempre sobre el pasado —la historia que se quiere continuar o rectificar, las tradiciones y valores que nos inspiran— y sobre el futuro, esa sociedad mejor a la que aspiramos. Larraín centra su argumento en la posición de Kast sobre lo que sería justificar “que algunos chilenos, por su condición sexual, no tengan los mismos derechos que los demás (…), algo que ya no se acepta fácilmente en Chile, especialmente entre los jóvenes”. En ese punto, la postura de Kast sería del pasado; la de Piñera, en cambio, del futuro.

Aquí hay una confusión enorme. La posición de Kast no apunta a privar de derechos a nadie. Al contrario, quiere proteger a los niños no nacidos (revertir la ley de aborto) y a los niños que necesitan un papá y una mamá (detener la pretensión ilegítima de darlos a parejas homosexuales). Y esto no es una cuestión de pasado o de futuro. A la política se entra para defender la verdad y la justicia, con independencia de si está de moda o no. Nosotros estamos agradecidos, por ejemplo, a quienes, cuando todos creían que América se convertiría en una gran Cuba, resistieron lo que era el futuro, que finalmente no fue.  

El futuro lo hacemos los hombres libres. No los esclavos del pensamiento políticamente correcto. La corrupción ha ido aumentando en Chile, pero no queremos que eso sea el futuro, aunque la probidad no esté de moda.

Por eso, muchos que en elecciones anteriores hemos anulado nuestro voto, ahora votaremos por José Antonio Kast. Y el futuro comenzará a moverse en otra dirección.




Cristóbal Orrego Sánchez

martes, noviembre 14, 2017

Reírse

Kast tiene mística y sus partidarios tienen humor.








lunes, noviembre 13, 2017

Por eso no dan ganas de ser de derecha

Hermógenes Pérez de Arce insiste en recordar lo que ya sabemos en su blog.

Es lo mismo de siempre.

La gente de derecha traiciona sus convicciones por miedo.

Y por votar al mal menor (engañada: porque el miedo es mal consejero) termina en los brazos del mal mayor.

Dentro de pocos días haremos un llamado más contundente a votar por Kast.

No sé si más vitriólico que la diatriba del otro día, pero sí más contundente. Espero que más eficaz.

Pero les confieso que no me dan muchas ganas de ser de derecha y que mi admiración moral va para la gente de izquierda. En general, en masa, es más digna: vota por lo que cree, aunque pierda. Eso es señal no solamente de mayor valentía, sino también de creer más firmemente.

Sé que hay gente buena que puede sentirse herida con estas palabras, pero prefiero ser sincero: en la mayoría de la gente de derecha veo miedo, conveniencias, cálculo, pero no ideales de justicia. Me dan pocas ganas de ser de una derecha así.

Y esto no tiene nada que ver con afectos personales, cariño y caridad, porque de esto me sobra para todo el mundo: desde la izquierda a la derecha. ¿Qué tengo yo contra Artés? ¡Nada! Le admiro la valentía y odio su lucha de clases. ¿Y qué tengo yo contra Sebastián Piñera como persona privada? ¡Nada! Le admiro su capacidad de trabajo y odio sus concesiones políticas hacia la izquierda. ¿Y qué tengo yo contra la gente buena de la derecha miedosa? ¡Nada! Los quiero a todos, admiro el gran esfuerzo que van a hacer para votar erradamente, pero odio su cobardía infinita.

Nada personal, solamente que me está dando un poquito de asco ser de derecha. Ya me ha pasado antes, así que no se preocupen, que a la izquierda espero no llegar. Salvo con Artés, que me cae bien.

sábado, noviembre 11, 2017

La oligarquía vergonzante: réplica a Luis Larraín

Hasta hace nada, hasta hace poco, ¿quién habría pensado que un líder de la opinión de derecha, ex pinochetista y ministro del ilustre gobierno militar, y acérrimo defensor de la economía política exitosa de los Chicago boys, habría instado a votar por Sebastián Piñera, un candidato democristiano, más cercano a Aylwin y a Bachelet que a Pinochet, el Presidente que más militares ha metido a la cárcel, quien ha agrandado el Estado y subido los impuestos, ha negociado con terroristas y ahora defiende un nuevo Estado de bienestar? Pues eso hace Luis Larraín, Director Ejecutivo de Libertad y Desarrollo, un think tank liberal que hasta hace pocos años defendía también los valores morales más tradicionales (aun cuando, honesto es decirlo, siempre subordinados al ideario económico).

(A) Sus argumentos son falaces y vamos a refutarlos enseguida. Pero lo esencial es otra cosa: advertir que él representa simplemente a la oligarquía vergonzante. No a las familias ricas con cierta decencia y valores, sino a esa oligarquía mayoritaria que siempre ha puesto el dinero por encima de su barniz de fe y de moral cristiana. Esa plutocracia a la que fustigaba el Padre Hurtado, tratando de convertirla a Dios, con su conferencia ¿Es Chile un país católico?, que logró poco y nada: mover hacia una ideología resentida (el socialcristianismo de los años ‘40-‘70) a los jóvenes de esa oligarquía, y poco más. Mas me desvío, que no es la hora de atacar a quienes sustituyeron a Dios y el cristianismo por la democracia y el afán de poder.

El asunto ahora es otro: que toda una oligarquía, antes pinochetista, que siempre se ha creído más o menos catóoooolica y, por supuesto, moralmente decente, queda desenmascarada por argumentos que apenas ocultan la desnuda voluntad de dinero y de poder.

Veamos.

(1) Primero. Se apela al «voto útil»: conseguir que el candidato favorito gane en primera vuelta o que pase a segunda con una diferencia tal que asegure su triunfo ante una izquierda desanimada, desbandada, y con indecisos que votan a ganador. Larraín no es tonto: sabe que su candidato no gana a la primera. Aun así, cree que «son argumentos contundentes a favor de un voto por Piñera». No lo son. Son puro cálculo político, lo peor de la vieja política. Pero además son cálculos parciales y probablemente errados. Todos pensamos que Piñera pasa a segunda con primera mayoría. También creemos que lo más probable, como en el 2009, es que gane en esa segunda vuelta. Sin embargo, la izquierda sí se reagrupará: sí habrá peligro de perder, trapos sucios que saldrán al aire, posible persecución judicial contra él mismo o sus buques cercanos (esto ya está en curso). Y sobre todo habrá demasiada gente que, sin ser de izquierda, no querrá dar su voto a alguien como el candidato favorito, que suscita comprensible rechazo por su historia pasada en lo económico y en lo político.

Por eso, lo más seguro como estrategia era y sigue siendo intentar llevar a Kast a la segunda vuelta. Larraín afirma que «todos sabemos que es imposible que José Antonio Kast pase a la segunda vuelta». Es lo más probable, quizás, como una profecía autocumplida. Pero si todos los que son partidarios de las ideas y del estilo de Kast votaran por él, sin creer que es imposible que pase a la segunda vuelta, entonces pasaría a la segunda vuelta. Y si realmente es imposible, ¿qué importa, entonces, que todos los que simpatizan con él voten por él?

¿Tiene algo de dignidad el que renuncia a votar según sus convicciones solamente porque va a perder? Nada. Es un oligarca y un plutócrata calculador.


(2) Segundo. Larraín intenta derrumbar la tesis de que «Kast representa mejor el pensamiento de derecha». Larraín niega que Kast represente mejor el pensamiento de derecha. Lea de nuevo.

Esto es ridículo.

Cualquier ciudadano con pensamiento (de izquierda o de derecha, caso de haberlo), situado en cualquier lugar del espectro ideológico chileno, sabe que Kast es de derecha y Piñera de centroizquierda o a lo más de centroderecha aguada, mimetizada, vergonzante, acomplejada.

El argumento del voto útil y el del voto por miedo (¡miedo a que vuelva la UP…!) se entiende en boca de gente de derecha que quiere repetir el error de votar por la DC para que no llegue la izquierda al poder. Es asunto de viejas chillonas, de derechistas desmemoriados (¿o se evitó la UP por ser precedida de una DC fanática y corrupta?), de quienes no entienden que incluso la izquierda tipo Frente Amplio quiere conservar una economía funcional, pero reducir mucho las ganancias de los ricos y, sobre todo, dominar la cultura. Tranquilos, momios queridos: no les quitarán sus bancos ni sus vacaciones en Indonesia; no se comerán a las guaguas: solamente las convertirán en crema (como decía el dirigente de Movilh).

El argumento del miedo, con todo, se entiende. Pero decir que José Antonio Kast no representa mejor el pensamiento de derecha es una idiotez grave (o quizás el pensamiento de derecha de la derecha oligárquica no es pensamiento y debemos ser comprensivos ante el vacío).

Antes de hacerme cargo de la poca densidad intelectual del argumento, les pido que respondan estas preguntas de derecha: ¿qué candidato, Kast o Piñera, propone mayor respeto y adhesión a las grandes obras de la derecha del pasado, como la derrota del totalitarismo marxista, la instauración de la economía racional de mercado, la libertad de enseñanza, etc.? ¿Quién propone reducir el Estado y los impuestos, y quién los ha agrandado? ¿Quién es más enérgico contra el terrorismo en el Sur y quién lo ha facilitado, cediendo y concediendo? ¿Quién persigue a los militares viejos y quién los defiende? ¿Quién representa una visión tradicional de la familia y de los hijos, y quién, por el contrario, se adhiere al homosexualismo? ¿Quién propone luchar contra el aborto y quién simplemente irse por el lado con políticas de acompañamiento, que, por cierto, todos aprueban?

En fin, veamos a qué se refiere Luis Larraín con aquello de «pensamiento de derecha». ¡Qué vergüenza me da escribir esto! A veces pienso —pero esto no es un pensamiento de derecha: espero no pensar cosas impuras— que el pensamiento de derecha es el nirvana, o a lo más repetir rítmicamente una palabra acompasada con la respiración: «plata, plata, plata».

(a) Larraín mira primero al pasado. Sobre el 11 de septiembre de 1973, en realidad le da la razón a Kast: reconoce la visión positiva de ese acto de legítima defensa y del nuevo régimen instaurado a partir de él. Solamente que añade que, para evitar los abusos de la izquierda en la manipulación de la historia (y lo que más preocupa a la plutocracia: el gasto de dinero), «debemos ganar el gobierno». ¿Acaso ganar el gobierno hará realidad que Piñera represente mejor el pensamiento de derecha, sea esto lo que fuere? ¡Pero si Piñera fue cómplice activo (no cómplice pasivo) en toda esa persecución contra los militares y en esa misma manipulación de la historia! Por cuatro aplausos y tres palmaditas en la espalda, vendió la visión del pasado que siempre hemos defendido en la derecha y ayudó a meter a la cárcel a gente anciana y enferma. Me da asco, pero debo seguir escribiendo.

(b) Después se lanza contra el pinochetismo.

Dice algo obvio: que «el propio patriotismo nos impone hacer lo que es mejor para el país». Pues de eso se trata, pero no vale como argumento. Es lo que en lógica se llama una petición de principio (el pensamiento de derecha usa la lógica, aunque no lo crean los ideólogos que llaman «pensamiento de derecha» al cálculo y a la claudicación, a la vergüenza y la ausencia de ideales, al miedo y la cobardía). Porque discutimos si lo mejor para el país es votar por un candidato de derecha, aunque pierda, o por uno de centroizquierda, que tiene asegurado pasar a la segunda vuelta. Esto es lo que discutimos ahora.  

Ahora viene la gran perla del discurso. El autor cree que es «artificioso … esgrimir el pinochetismo para votar por José Antonio Kast». Por mi parte, no creo que haya nadie que sea leal a la memoria de Pinochet —o a los militares perseguidos con saña— y que pueda votar por Piñera. Pero nuestro autor, cómplice o encubridor, arguye que lo de «artificioso» se debe a que «el pinochetismo nunca existió, como sí hubo castrismo, o chavismo o incluso franquismo».

Respire, lea de nuevo, piense (si es de derecha, piense; si es lo que la oligarquía cree que es el pensamiento de derecha, diga conmigo: «plata, plata, plata», respire y repita, como si fuera su champú… lávese la cabeza con bitcoins).

Más allá de las explicaciones, les cuento mis recuerdos. Sí hubo y hay pinochetismo, aunque eso no sea todo lo que la gente de derecha tiene en la cabeza, por cierto.

Recuerdo que, en los años ’80, nunca fui a las marchas y manifestaciones de apoyo al Presidente Pinochet. Yo era partidario de su gobierno, pero no quería ir porque huyo como de la peste del fanatismo y del mesianismo. Y el pinochetismo de entonces era fanático y mesiánico en muchos de sus representantes (atención: muchos eran también gente serena, que iba a las marchas en legítimo uso de su derecho a apoyar al gobierno). Es la misma razón por la que me cargaba la UDI de los ’90: era mesiánica, casi la encarnación de «los principios y valores del sector», como solía decirse con cierto énfasis (ahora la Presidente de la UDI dice que no tienen tales principios: que fue una casualidad que se agruparan tantos en torno a la UDI, y hasta que redactaran unas declaraciones de principios: es el extremo del pensamiento de derecha estilo nirvana). Había gente que pensaba que ser de la UDI y ser católico eran lo mismo (yo siempre he reconocido el derecho de los católicos a equivocarse, incluso a militar en la DC: se pueden santificar ahí porque Dios escribe derecho sobre renglones torcidos).

Y las vueltas de la vida: ahora soy más pinochetista que el ministro de Pinochet, Luis Larraín; y ahora estoy más cerca de esa UDI que sus fundadores y su Predidente/a.

Pero doy fe de que había pinochetismo. En altos grados. ¿Y cuando fue detenido en Londres? ¿No recuerdan el nivel de adrenalina de las manifestaciones pinochetistas? Ahí sí fui a una de ellas, donde habló Joaquín Lavín (que nunca fue pinochetista, claro, porque el pinochetismo nunca existió…). ¿Y recuerdan cómo se sorprendió la élite liberal con las multitudes en el funeral del Presidente Pinochet, del sanguinario dictador? ¿Eso no era pinochetismo? Oye, y puestos a pensar como gente de derecha, ¿qué me dicen de la Paty Maldonado? ¿Será la única pinochetista que hubo?  

Sé que hay izquierdistas que me respetan. Y que tienen pensamiento (de izquierda, equivocado, pero por lo menos no es nirvana). Y alguno incluso sé que me estima, como yo los estimo a ellos, que yacen por tanto tiempo en las tinieblas del error. Les pido a ellos que tercien en esta diferencia de opiniones entre el ex ministro de Pinochet y el pobre pinochetista que nunca fue a sus marchas; y que nos digan si había o no pinochetismo entonces. ¿O tengo mala memoria?

Luis Larraín cree que con raciocinios puede refutar la historia. Por eso, para probar que nunca existió un hecho histórico, que sigue dando coletazos, ofrece razones abstractas.

La primera: «que el general Pinochet nunca lo quiso, porque siempre concibió su gobierno como uno institucional». Magnífico. ¿Son proposiciones contradictorias? ¿Acaso el gobierno de Franco o de Castro no han sido institucionales? ¿Y el de Mao? Yo sé que la voluntad del general Pinochet era modesta. (Gracias por los aplausos. Gracias. Las risas de los izquierdistas ya no me gustan tanto). Pero que él no quisiera el culto a su personalidad no nos impide hablar de un evidente pinochetismo entre quienes lo admirábamos. Ahora hay kastismo y no tiene nada de fanático: es cariño y admiración por un hombre honrado. Y hay piñerismo incluso entre quienes no admiran a Piñera, que incluso lo desprecian, pero que lo siguen por ese patriotismo y bien superior que se resume en este mantra: «plata, plata, plata». 

La segunda razón del piñerismo para negar que exista el pinochetismo es que «la abrumadora mayoría de los civiles que lo apoyamos creíamos en la democracia como forma permanente de gobierno en Chile». ¿Y? ¿Lógica de derecha, el non sequitur? Pinochet también creía en la democracia como forma permanente de gobierno en Chile: la estableció y fundó él mismo en la Constitución que lleva su firma (es un guiño a RLE). El pinochetismo, al que apelamos para votar por Kast, es la lealtad con el Presidente Pinochet, con el gobierno encabezado por él y con sus realizaciones, además del mínimo de justicia que se debe a las únicas víctimas sacrificadas en la transición: los militares en retiro. A veces me dan ganas de… —pero me baja la caridad y rechazo la tentación— de que también metan a la cárcel a los ex ministros de Pinochet, por su complicidad de entonces (según la izquierda y según Piñera) y su traición de ahora (según el pensamiento de derecha sin nirvana, sin oligarquía, sin plutocracia).

(c) Luis Larraín mira al futuro. Dice que «la candidatura de Kast es una candidatura sobre el pasado y la de Piñera una sobre el futuro». Su argumento es que
«la única forma que tiene la derecha para estar en el gobierno en el futuro … es ganar estas elecciones con Sebastián Piñera. No hacerlo significa hipotecar el futuro de nuestros hijos». Tampoco se sigue, hasta donde sabemos. Otra fórmula es que pasen a segunda vuelta los dos, Kast y Piñera, y que gane el mejor. Piñera no puede garantizar que después de 4 años transmita el poder a otro izquierdista moderado (bueno, sí: a algún socialista tipo Ricardo Lagos, que respetó el lucro igual o más que Piñera). Con todo, lo más probable es que gane Piñera en segunda vuelta, salvo que la Providencia nos bendiga con un fenómeno de rebelión de las masas tipo Trump o Brexit o NO en Colombia. Mas fuera de algo así, votar por Kast es la mejor forma de asegurar un triunfo de la derecha en segunda vuelta.

Y si el piñerismo sigue atacando al kastismo, seremos cada día más los que no votaremos por su candidato en la segunda vuelta. Aquí estamos con la Pía más que con José Antonio.


(d) Finalmente,  el autor se acuerda de los valores. Quizás tienen que ver con el pensamiento de derecha, porque «en la derecha siempre ha habido grupos conservadores y liberales y han convivido a lo largo de la historia». Corta su historia, amigo; pero no vayamos por ahí, que sería estresar el pensamiento de derecha.

Lo preocupante es que Luis Larraín llame a claudicar, a ceder en principios indisponibles del pensamiento no ya de derecha (si existe), sino simplemente decente y cristiano. Larraín afirma: «es difícil hoy día que alguien que cree que las personas nacen libres e iguales en dignidad y derechos … justifique que algunos chilenos, por su condición sexual, no tengan los mismos derechos que los demás. Eso es algo que ya no se acepta fácilmente en Chile, especialmente entre los jóvenes. La postura valórica de José Antonio Kast, respetable y legítima, es sin embargo otra vez una del pasado, mientras que la de Sebastián Piñera, incluso con las dudas y matices que admite, es una sobre el futuro».

Aquí hay una confusión enorme. La posición de Kast no apunta a privar de derechos a nadie. Al contrario, quiere proteger a los niños no nacidos, y a los que necesitan un papá y una mamá y no ser objeto de satisfacción afectiva para homosexuales que quieren adoptar.

Y esto no es una cuestión de pasado o de futuro. A la política se entra para defender la verdad y la justicia, con independencia de si está de moda o no. Los economistas liberales que (con la ayuda de Pinochet y su gobierno) derrotaron en Chile la visión socialista de entonces, lo hicieron a partir del convenio UC-Chicago (1955), cuando todos creían que el mercado libre era cosa del pasado —del siglo XIX— y que se nos venía encima el socialismo en sus versiones más duras. La Iglesia católica, a través de su Universidad, en cambio, miró al futuro que realmente sería: el de un país libre con una economía abierta y más eficiente que sus competidoras socialistas.

Estamos agradecidos a quienes, en esos años, resistieron lo que era el futuro, que finalmente no fue. Así lo hicieron también los disidentes que terminaron echando abajo las tiranías comunistas, aunque fuera después de 70 años.

El futuro lo hacemos los hombres libres. No los esclavos del pensamiento políticamente correcto. José Antonio Kast, como he dicho, no ha propuesto discriminar a las personas en sus derechos fundamentales según su condición sexual. Por el contrario, afirma y con él todo el pensamiento cristiano —no solamente de derecha— que el matrimonio exige precisamente la complementariedad sexual entre varón y mujer, para fundar una familia. Esto es el pasado, el presente y el futuro.

Y mientras más se someta a escrutinio la vida privada y pública de las diferentes condiciones sexuales, más claro se verá que son tanto o más dañinas que las ideologías que se opusieron al socialismo y defendieron la libertad económica y política. Así lo piensan ahora muchos, también jóvenes, que se ven inauditamente atacados y deshonrados cada vez que lo dicen, hasta que terminan por callar.


Por eso, una razón más para que las mayorías que se abstienen vayan a votar por José Antonio Kast es detener el avance de la ideología de género, del pansexualismo, del homosexualismo y de sus cómplices activos y pasivos, entre los cuales se encuentra una derecha que vive por un solo mantra disfrazado de valores, del futuro de nuestros hijos, de patriotismo, de ganarle a una izquierda cuyos valores se han asumido salvo su oposición al libre mercado. Y ese mantra de la derecha vergonzante y vergonzosa, la que está dispuesta a entregar a sus niños a la muerte pero no a perder posiciones sociales o económicas, la que reniega de su pasado y cree en un futuro lascivo pero entre riquezas, ese mantra es… (¡repita conmigo, respire despacio!): «plata, plata, plata».

viernes, noviembre 10, 2017

Fake News de última hora: Beatriz hace campaña por Kast

Amigos, de tanto ver CNN y leer las payasadas que El Mercurio publica sobre Donald Trump y EE.UU. (copy paste de prensa progre gringa), me están comenzando a gustar las fake news.

Aquí va una de última hora.

Es que si sumamos el 15% de Beatriz Sánchez al 10% de José Antonio Kast, el bueno pasa por encima de Guillier.

Y sabemos que la Bea prefiere a Kast sobre Piñera. Porque odia a los ricos más que a los niños.

Así que noticia de última hora:

Beatriz Sánchez llama a votar por Kast. Sale a las calles a barrer la mugre izquierdista en conversión de última hora. Dice que ya no quiere el aborto, que por suerte no le resultó.




sábado, septiembre 30, 2017

Los cerdos también mueren

Ha sorprendido la serie de alabanzas con ocasión de la muerte del cerdo que hizo su fortuna explotando mujeres y destruyendo jóvenes.

Hemos llegado al punto en que denunciar errores gravísimos, cuando se vinculan expresamente con la persona responsable, es considerado falta de caridad cristiana. La caridad, por el contrario, exige esa vinculación entre el error y el que yerra: si este no quiere o no puede arrepentirse, al menos quedan prevenidos los inocentes.

Por eso alegra este obituario:

https://www.nytimes.com/2017/09/30/opinion/hugh-hefner.html?_r=0


domingo, agosto 13, 2017

Poner los medios por la vida

Hemos firmado esta carta. A nosotros nos toca poner los medios. Si triunfa el abortismo chilensis, nos tocará poner los medios para revertir ese mal.

http://www.elmercurio.com/blogs/2017/08/13/53349/La-falsa-inocencia-de-la-primera-causal-de-aborto.aspx