sábado, noviembre 07, 2020
jueves, noviembre 05, 2020
martes, noviembre 03, 2020
Amigos personales, enemigos públicos
Espero que podamos vivir a la altura de este pensamiento de hace ya tantos años. La llevaré al Canal de YouTube.
Leed.
Amigos personales, enemigos públicos
Corre el año 1984. He tenido mi primer encuentro con quien llegará a ser uno de mis mejores amigos de la Universidad Católica.Él milita en la Democracia Cristiana; tiene una conciencia viva de las violaciones a los derechos humanos; cree en la necesidad de luchar, de manera pacífica, por la recuperación de la democracia. Yo no milito en ningún partido; creo que las denuncias de violaciones a los derechos humanos son calumnias de gentes ávidas de poder, y espero que la democracia llegue como consecuencia del cumplimiento de un itinerario marcado por la Constitución de 1980, no de las movilizaciones, que tanta violencia desatan.Seguirían muchas conversaciones como ésa. También con otros compañeros, por así decir, más a la izquierda y más a la derecha: esos que luego aparecían lanzando piedras y corriendo delante de los guanacos, y los que lamentaron el fracaso del intento de asesinar al Presidente, y los gremialistas que formaban grupos para defender la Universidad contra quienes pretendían tomársela por la fuerza, y los que organizaban esos desfiles de adhesión al gobierno militar.Mi amigo democratacristiano, alto, más bien grueso, no se cerró a la amistad con un pinochetista.Yo, por mi parte, ya había aprendido a abrir mis brazos y mi corazón a todos, sin discriminaciones políticas, gracias a las enseñanzas de san Josemaría Escrivá de Balaguer, el Fundador del Opus Dei, y de su ejemplo durante el difícil trance de la guerra civil española. Pero fue especialmente a partir de ese primer año de universidad que tuve ocasión de practicarlo. Recuerdo ese 1984 como el origen de amistades personales entrañables, a pesar de las diferencias de lealtades políticas.Si en esos años anormales fue posible trazar la distinción entre el ámbito público, donde se daban las diferencias —incluidas diferencias en la acción política—, y el ámbito personal, donde se daban las coincidencias de afectos y de actividades —esos partidos de fútbol pluralistas . . . aunque no tan pluralistas como los asados—, ¿cómo no va a ser posible trazar la distinción hoy, cuando llevamos ya casi dos décadas de convivencia democrática normal?Entiéndaseme bien. No es mi intención derogar la diferencia entre amigo y enemigo en el ámbito público, sino más bien afirmarla como una distinción fundamental que no lleva consigo la enemistad privada.Un ejemplo extremo es el de la guerra. Dos hombres pueden ser amigos personales y verse enrolados como soldados en ejércitos enemigos.La convivencia pacífica y los métodos políticos de solución de las controversias sobre el bien público permiten mantener y aun llevar a su plenitud la distinción, sin confusión, entre los amigos personales y los amigos públicos, y entre los enemigos personales y los enemigos públicos.Uno de mis sueños de 1984, que compartía con ese amigo tan abierto y sabio, era poder intervenir los dos en algún debate público, donde —como auténticos enemigos públicos— nos atacáramos sin cuartel, con las armas y bajo las reglas de la retórica; pero que, terminado el debate, por muy acalorado que hubiese sido, por muchas chispas de pasión que hubieran saltado, los dos fuésemos capaces de saludarnos como amigos e ir a almorzar juntos.Ese sueño —entonces parecía algo utópico— es hoy, sin duda, para una gran mayoría de los protagonistas de la vida política, una realidad más o menos conquistada.No renunciamos a atacar, por todos los medios lícitos, a nuestros enemigos políticos.No desistimos de tocar el talón de Aquiles de un enemigo político, de quien combate nuestros ideales sobre el bien común, de quien nos parece —en cuanto personaje público— un demonio destructor de cuanto hay hermoso y santo en este mundo decadente.Aceptamos, además, como exige la equidad argumentativa, que ese enemigo político utilice las mismas armas, y que las blanda en contra nuestra con toda su fuerza y habilidad.Yo soy católico y pretendo que el espíritu del Evangelio se imprima en todas las estructuras temporales.Ya veo que algún comecuras pone cara de asco y se acuerda de alguno de sus sacerdotes laicos, no sé, de Hobbes o de Habermas. El anticlerical sufre y chirría con una ley inspirada en el Evangelio tanto como una viejecita beata sufre y chilla con una ley inspirada en la autonomía atea, como las leyes que admiten el aborto o la eutanasia.Yo le reconozco su derecho a ese laiconazo, el derecho a su religión —la de la autonomía, que es como creerse dios para sí mismo— y el derecho a considerarme su enemigo público, como yo lo considero a él mi enemigo público.Lo fundamental es conseguir ese recíproco reconocimiento como enemigos, como requiere la nobleza, y que ojalá encaucemos esa enemistad pública por vías pacíficas.Así podremos también ser amigos personales.
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Cristóbal Orrego
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lunes, noviembre 02, 2020
viernes, octubre 30, 2020
miércoles, octubre 28, 2020
Sobre candidatos al plebiscito y listas — 20201028
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Cristóbal Orrego
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9:15 p.m.
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domingo, octubre 25, 2020
Otra vez polémicas sobre dichos del Papa Francisco
Me sentí movido a intervenir por muchos mensajes privados de gente desconcertada. Pero esta vez me fue imposible aplicar una razonable "hermenéutica de la continuidad" sin forzarme a mentir.
"Amicus Plato, sed magis amica veritas".
Leed:
Declaraciones del Papa
El Papa Francisco ha suscitado polémica con estas palabras sobre los homosexuales: “Lo que tenemos que hacer es una ley de convivencia civil: tienen derecho a estar cubiertos legalmente”.
Joaquín García-Huidobro, a diferencia de otros que pretenden que nada ha pasado, reconoce que Francisco defiende una ley como nuestro Acuerdo de Unión Civil (Carta de 23-X). No obstante, rebaja el asunto a algo prudencial, donde es legítimo el desacuerdo entre católicos. A mí me parece, en cambio, que el Santo Padre intenta exponer un deber de justicia intrínseca: “lo que tenemos que hacer” para dar un trato digno a los homosexuales; no una mera alternativa prudencial, “ortodoxa”, contra el “matrimonio homosexual”.
¿Tiene razón el Papa? De ninguna manera. Es verdad que sigue defendiendo esas hermosas doctrinas sobre el matrimonio enumeradas por García-Huidobro; pero el punto es irrelevante, porque los fieles, desconcertados y heridos, se preguntan si el Papa ha negado otra doctrina, aquella sobre la legislación de unión civil. Y sí, la ha negado. Su opinión privada desconoce directamente las exigencias de la razón natural, enseñadas por el Magisterio de la Iglesia católica. He aquí un resumen, aprobado por Juan Pablo II y Joseph Ratzinger en el día de los Mártires de Uganda:
“La Iglesia enseña que el respeto hacia las personas homosexuales no puede en modo alguno llevar a la aprobación del comportamiento homosexual ni a la legalización de las uniones homosexuales. [...] Reconocer legalmente las uniones homosexuales [...] significaría no solamente aprobar un comportamiento desviado y convertirlo en un modelo para la sociedad actual, sino también ofuscar valores fundamentales que pertenecen al patrimonio común de la humanidad” (Congregación para la Doctrina de la Fe: “Consideraciones acerca de los proyectos de reconocimiento legal de las uniones entre personas del mismo sexo”, n. 11).
Yo rezo por el Papa, por los fieles confundidos y por quienes los confunden; pero entiendo que lo leal es decir la verdad, más leal y liberador que escamotearla. Espero que el cardenal Luis Francisco Ladaria, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, haya ejercitado esa lealtad en la Audiencia con el Papa del mismo día 22 de octubre, y que pronto veamos una clarificación, una rectificación de este lamentable traspié.
Cristóbal Orrego Sánchez
Profesor de Derecho UC
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Cristóbal Orrego
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11:52 a.m.
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jueves, octubre 01, 2020
Patria Madre: "Mira que te miro madre"
Me llegó un correo con invitación a participar en un concurso de literatura de Letras UC.
Se lo pasé a Matías Wenz, quien me devolvió esto, pero no quiso competir.
Me gustaría que alguien triste, como Fernando Ubiergo, les pusiera música y cantara cuando Chile sufra otra vez el odio.
Décimas por el Chile que soñamos
(Décimas glosadas a una cuarteta, con décima de cierre que incluye la cuarteta).
Fundamento: De la crisis a un sueño
Autor: Matías Wenz
Patria Madre
Mira que te miro madre
que Chile en tu seno salta
como el mar y la cumbre alta
y de alegre llora el padre.
Chile eres madre de entuertos
madre de padres ausentes
de hijos poetas videntes
de marineros y puertos
de niños que nacen muertos
de niñas tristes sin padre.
Chile lindo, Chile madre
que has sido madre y nodriza
mira que el pueblo agoniza
mira que te miro madre.
Alégrate que te sueño
Chile madre, Chile lindo
con tu sangre como un guindo
con tu puelche aire sureño
yo te miro yo te sueño
montaña de vino y palta
terruño de asilo y malta
que eres madre de ti misma
y es tu don y tu carisma
que Chile en tu seno salta.
¿Qué dirán los viejos sabios
cuando acabe la borrasca?
¡Fuimos fuego de hojarasca
y de amores los resabios!
Pero Chile con los labios
te besamos ya sin falta
Chile, Chile linda, salta
huinca mapuche mestiza
madre guerrera y maciza
como el mar y la cumbre alta.
Chile libre en paz maduro
los enfermos y los sanos
pobres ricos y medianos
con nostalgias del futuro
besan bajo el cielo puro
al amigo y al compadre
a la amante y a la madre
dando a luz con las miradas
y con llanto a las amadas
y de alegre llora el padre.
Qué puro Chile es tu cielo
azulado sueña mi alma
campo de flores en calma
donde el hombre nace nuevo
de mujer donde yo bebo
la voz viva de mi padre
mira que te miro madre
que Chile en tu seno salta
como el mar y la cumbre alta
y de alegre llora el padre.
Estados Unidos, 1 de octubre de 2020.
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Cristóbal Orrego
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3:23 p.m.
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