jueves, noviembre 12, 2009

Más sobre liberales y el voto por Piñera

Cartas
Jueves 12 de Noviembre de 2009

Liberales y conservadores I


Señor Director:

Mi amigo Agustín Squella caricaturiza las posiciones cuando sostiene que el liberal amplía, mientras que el conservador achica, el espacio de las libertades. En mi opinión, lo que realmente sucede es que, por las diferencias morales de fondo, discrepamos acerca de qué libertades realmente dañan a los demás. Así, por ejemplo, los liberales ideológicos —anticlericales— intentan disminuir la libertad de elección de escuela de las familias y el alcance del derecho de los padres a educar a sus hijos. En cambio, protegen la libertad para el comercio sexual y la pornografía, y, en este ámbito, no sabría decir yo qué otras libertades. Por el contrario, los conservadores queremos ampliar la libertad de enseñanza —que los pobres no estén obligados a estudiar en escuelas oficiales y malas— y procuramos confinar a las cloacas de la sociedad aquellas libertades que destruyen el matrimonio y el carácter de los ciudadanos.

En todo caso, mi carta del 10 de noviembre no intentaba definir al liberal (y menos a uno tan civilizado como Agustín Squella), sino advertir la posibilidad de no votar por Sebastián Piñera si él no logra mantener la neutralidad entre liberales y conservadores en la Coalición por el Cambio. No es el momento de hacer avanzar agendas —menos aún la agenda gay—, sino el de desalojar a la Concertación mediante una defensa atractiva de las libertades ciudadanas contra el estatismo, y de la probidad pública contra la corrupción.

Cristóbal Orrego Sánchez




miércoles, noviembre 11, 2009

Liberales vs. conservadores

Cartas
Martes 10 de Noviembre de 2009
Liberales y conservadores II


Señor Director:
Según Carlos Peña, si Sebastián Piñera logra “construir una derecha genuinamente liberal”, que recoja las aspiraciones de la campaña gay, “no habrá más que aplaudirlo”. Así lo aplaudiría quien ha sido, desde antiguo, uno de los ideólogos de esa Concertación a la que muchos queremos desalojar. Deseamos reemplazar un régimen bastante corrompido por uno más decente, y no por uno “liberal”, que considere cualquier conducta como igualmente decente. Si eso no va a suceder, no tendremos nada que aplaudir, ni a nadie por quien votar.
Por eso, quizás, Carlos Larraín (RN) y José Antonio Kast (UDI) tienen razón al sugerir que un candidato de la Coalición por el Cambio, ahora o en el 2014, debería concentrarse en lo que nos une, so riesgo de perderlo todo por aquello que nos divide.

Cristóbal Orrego Sánchez


domingo, noviembre 08, 2009

Los errores pequeños se pagan caro

Emerge en momento inoportuno el debate sobre la llamada "derecha liberal". Si el candidato llega a pensar que tiene cautiva a la "derecha conservadora" —en resumen, la que entiende la lucha pro-vida y pro-familia sin fisuras de ninguna especie—, puede cometer un pequeño error que se pagará caro. Si el objetivo de toda la derecha es desalojar a la Concertación, debe asegurarse de representar a todos, dejando de lado los proyectos que dividen, como los típicamente liberales en materias éticas. De lo contrario, serán muchos los que, como Hermógenes y como yo mismo, no votarán por Sebastián Piñera ni en la primera, ni en la segunda vuelta.

Ni como mal menor.


jueves, noviembre 05, 2009

Ulpiano

Ha fallecido don Ulpiano Baranda (QEPD). Profesor fundador —con otros heroicos de la primera hora— del colegio Tabancura. Lo velaremos en el Colegio hasta el sábado, cuando lo despediremos con una misa.


Él fue la demostración viva de que, en la educación, la exigencia es uno de los mejores vehículos para el cariño.


Sé que muchos ex alumnos estaremos ahí. De lo contrario, ya nos dirá algo rudo y cariñoso cuando nos reciba, con su lápiz Bic y la libreta, si acaso vamos llegando algo atrasados al Cielo. 





martes, noviembre 03, 2009

Gonzalo Vial

Cartas
El Mercurio
Lunes 02 de Noviembre de 2009

Gonzalo Vial


Señor Director:

Gonzalo Vial Correa estuvo a la altura de sus predecesores en la gran tradición del pensamiento católico en Chile, entre quienes destaca su maestro Jaime Eyzaguirre. Abrigo la esperanza de que, entre los jóvenes historiadores del presente, algunos tomen el relevo con la misma erudición y con esa singular capacidad crítica para desmentir cierta interpretación ideológica del pasado. Más allá de la historiografía, el insigne periodista fue un modelo de civismo republicano, de rectitud moral, de coherencia y de valentía, de sensibilidad social (empeñando sus medios y su vida), de lealtad a la Iglesia y a la patria, y de agudeza en los argumentos y en el análisis. Dios le dio diez talentos; él los multiplicó, y, desde el gozo de su Señor, nos muestra el camino juntamente con la meta.

Cristóbal Orrego Sánchez
Universidad de los Andes

domingo, noviembre 01, 2009

Marco: el atractivo de la purificación




Estoy en la Plaza de Armas de Concepción, que evoca la cuna de la cuna de Marco Enríquez-Ominami. Sus partidarios danzan con banderas verdes al viento, pero son pocos, y sólo algunos curiosos los miran. Nadie se acerca al puesto de propaganda del tándem Alejandro-Marco (el senador Navarro que apoya al candidato Enríquez-Ominami para presidente), presentados con una frescura y juventud que chocan con la medianía de las edades, las vestimentas y los modos de hablar del público circundante. Enríquez-Ominami no es el candidato del pueblo, sino el de una élite estética y descontenta.

Al puesto de propaganda de Frei, que también acude al color verde, nadie se aproxima por un largo rato. Entonces me acerco yo (dicen mis enemigos que tengo cara de democratacristiano), para oír a una señora de edad media que se ha acercado al cuidador del local para quejarse de que ningún candidato se ha opuesto a las futuras centrales nucleares. Ella votará en blanco.

La del candidato Enrique van Rysselberghe es la única tienda de campaña en torno a la cual se arremolina la gente (para retirar calendarios y afiches, que los otros también regalan). La entusiasta encargada del kiosco le reconoce a una ciudadana que el hombre salió elegido concejal por ser hermano de la doctora Jacqueline van Rysselberghe, actual alcaldesa de Concepción; pero después ha ido adelante por ser él quien es, y ahora va a ser elegido diputado . . . por sus propios méritos. Es lo que yo llamaría “meritocracia protegida” (como la que llevó a Andrés Allamand al Senado). El punto es que aquí aparece el candidato a diputado, fotografiado con Sebastián Piñera, con mayor cercanía popular que los otros nombres en circulación. Lo sigue José Miguel Ortiz, quien se fotografía con la Presidenta . . . no con Eduardo Frei. Todo un símbolo del desembarco.

Con otras palabras, los gestos de la calle, recogidos al azar, apuntan en la misma dirección que las meticulosas mediciones de los encuestadores y sociólogos. Ellas dan por ganador a Sebastián Piñera. Solamente una presentación sesgada (como la de la encuesta UDP) puede transmitir una sensación de empate. No obstante, soy de los que piensan que las profecías políticas son imposibles y mentirosas, porque todo puede darse vuelta en los últimos días de un proceso. Por eso, si Piñera quiere asegurar el resultado que hasta ahora se proyecta, necesita, por lo menos, lo siguiente. Primero, reforzar su seguridad física, porque el odio antiderechista en Chile es más visceral y violento de lo que él sueña. Segundo, no continuar por la senda de alienarse a los conservadores de verdad (quizás somos solamente doscientos mil los que votaremos en blanco, o no votaremos, pero podrían ser más). Tercero, poner todos los recursos económicos y legales necesarios para detener la intervención electoral, como, por ejemplo, ofensivas pagadas en medios de comunicación, la movilización de muchos jóvenes con la camiseta puesta y los gastos cubiertos, y querellas sistemáticas contra funcionarios públicos que excedan el marco legal del juego limpio, excepto contra nuestra popular Presidenta, a la que se debe invitar con cariño a recapacitar, a cuidar su capital simbólico como madre de todos los chilenos. Se la debe convencer en privado de que, si gana Piñera, el intervencionismo no quedará impune. Cuarto, detectar y desactivar las bombas de escándalos que seguramente se preparan en su contra. Quinto, seguir mejorando su imagen y su mística, aunque sea pagando más a los expertos estetas que, sin ser humanistas cristianos, trabajan para él.

De todos modos, Marco parece un peligro real. La razón fundamental es que agrupa a la vez a muchos liberales de izquierda, que huyen de la putrefacta Concertación, y a mucha gente que viene de la derecha, pero que quiere limpiar su pasado. Son ex funcionarios del gobierno militar, jóvenes entonces, o sus hijos y sobrinos y nietos, ahora liberales, escandalizados por el conservadurismo de sus padres, y por su entusiasta adhesión a ese monstruo que les parece Pinochet. Si Frei pasa, este grupo de gente en busca de purificación política –de la corrupción concertacionista y del estigma pinochetista– se dividirá en dos, y ganará Piñera; pero, si pasa Marco, la tirria antiderechista de los concertados se dividirá menos, e irán casi todos detrás del joven hijo de Miguel Enríquez. A menos que esos viejos zorros del PDC logren convencerlos de lo que yo siempre he dicho, y ahora repito en beneficio de Sebastián Piñera: que él realmente no es de derecha.

domingo, octubre 25, 2009

Las profecías y la lucha política

Una de las armas preferidas de la lucha política es la profecía. No importa cuán contraria al sentido común pueda ser una profecía sobre algo tan contingente como el futuro de la realidad política, sobre si el Presidente será Sebastián o Eduardo o Marco o Jorge. El hecho es que la expectativa del futuro influye en el presente, de manera que vale la pena jugar a que se está seguro para convencer a otros de que se pongan del lado victorioso de la Historia. El uso de la profecía en política es un aprovechamiento a escala pequeña del sentido determinista de la Historia, que tanto ha penetrado en la cultura, o, quizás, que solamente el cristianismo pudo exorcizar, y que, sin cristianismo público que lo anule, ha regresado de la mano de las ideologías gnósticas (si se me permite el pleonasmo).

La profecía consiste, estrictamente hablando, en predecir el futuro sin errar y con certeza. Profetizar es decir en presente lo que sucederá en el futuro, de tal manera que se diga necesariamente la verdad. Si no es el mismo Dios quien así habla, se trata de un imposible, porque solamente en la mente divina están en presente el acontecimiento que para nosotros es futuro y la proposición profética que se ajusta a ese acontecimiento, y que, por así ajustarse, es verdadera (la verdad de una proposición es su correspondencia con la realidad, en cuanto conocida y afirmada en la mente). Mas fuera de la mente divina, en una profecía proferida por un mortal para quien solamente está presente su palabra, con independencia de los hechos futuros, no puede haber verdad, ni falsedad. Por lo tanto, toda pretensión de certeza sobre la profecía política es voluntariosa y, en definitiva, una forma, quizás inconsciente, de mentira.

La profecía política puede llegar a cumplirse por azar. Entonces tendrán la razón quienes antes no la tuvieron. Mas he aquí que el cumplimiento de la profecía política conforme a las leyes del azar es nada más que ganar una apuesta, donde algunos acontecimientos no necesarios pueden haber sido desde el principio más probables (y esa mayor probabilidad puede haber sido conocida con verdad, porque la probabilidad es presente). Las apuestas y las matemáticas, sin embargo, mueven menos que las certezas. Los manipuladores de la masa votante no pueden decirles, a esos átomos sociales que quieren llevar a las urnas, que apuesten por un futuro incierto. Esos ciudadanos indecisos, minoritarios pero desequilibrantes, quieren, más que nada, ganar. A esos, que suelen ser más cortos de mente, es imprescindible decirles, mintiendo, que sucederá lo que, si ellos se lo creen, sucederá, es decir, una profecía política. Esta necesidad política hace tan poco atractiva la política para quienes tienen cerebros de tamaño normal. En cierto sentido, el desencanto de las mayorías con la política es un síntoma de que las cosas no están tan mal. Más penoso sería que hubiera muchos encantados con el espectáculo de superficialidad, falta de argumentos, descomposición moral, ideologías destructivas, insinceridad, etc., que parecen triunfar en la arena pública.

Por desgracia para los profetas de la política, esa misma seguridad que la profecía engendra en los mentalmente minusválidos es fatal para quienes deben trabajar para hacer que sea realidad lo que se profetiza. Los votantes conscientes, los militantes, los que tienen la esperanza de ganar si hacen las cosas bien, pueden ser anulados por una certeza de la victoria, como lo serían también por una certeza de la derrota, aunque en este último caso siempre hay algo que salvar. Por eso, el líder político necesita articular un discurso no profético, sino estrictamente intermedio entre la esperanza y la urgencia de la posible desesperación. El líder no puede correr el riesgo de que una parte pequeña sus huestes, segura de la victoria, se vaya de paseo a la playa, al campo, al amplio mundo del turismo planetario. No puede correr el riesgo de que sus vendedores de la política trabajen a media máquina, con alegría pero sin ganas, como si la venta estuviera asegurada, justamente cuando en la recta final, por exceso de confianza, puede perderse todo por casi nada. Así sucede que quienes van perdiendo, según las encuestas, pero todavía tienen esperanzas, llegan a multiplicar sus carreras, sus gritos y sus sudores, aguijoneados por la desesperación. Y esa desesperación a medias, suficiente para urgirse pero no tanta que paralice, debe ser generada también por quienes parece que ganan, que ya se están bebiendo el licor de la victoria, del que nunca se debe beber antes de tiempo.

Por eso, junto al discurso profético para consumo de la minoría ínfima de los que simplemente quieren “no perder su voto” (como se dice en un país primitivo), es imperioso el discurso esperanzado, pero urgido, el de la arenga antes de una cruel batalla. Es posible, por desgracia, que se genere, entonces, un doble discurso, otra apariencia más de mentira en la política. Y es así como la profecía, que, cuando procede de Dios, es sinónimo de verdad y de certeza, se transforma en las bocas humanas en síntoma de doblez, de inseguridad, de mentira, de manipulación. Sugiero, pues, en mi transparente ingenuidad, que algunos interpretarán como ironía, que la delicada combinación del “vamos a ganar” con el “nada está asegurado” debería, para salvar la veracidad de la política, recurrir a sutilezas que exceden la capacidad de las masas, pero que honran la inteligencia de los ciudadanos con conciencia cívica.

Renunciar a la profecía en política y al uso instrumental de la mentalidad determinista es una exigencia de una política respetuosa de los ciudadanos y de sí misma, como si recordara esa filosofía antigua que la ponía casi en la cumbre de la actividad humana.

Las apuestas son cosa distinta. Las esperanzas son siempre transparentes. Las proyecciones imparciales, a partir de datos que, según la experiencia, aumentan las probabilidades de un resultado, son no solamente sinceras, sino una parte imprescindible de este mundo contingente.

Y los sueños, sueños son.




Profecía

Sebastián Piñera pierde el 2010. Seguro. Está escrito.

Columna abstracta

Hoy domingo les enviaré una columna muy teórica, porque si me metiera en lo más práctico tendría que comentar las sandeces de algunos eclesiásticos sobre los homosexuales, y prefiero rezar para que recapaciten. Por ahora.