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miércoles, junio 15, 2016

Abandono del blog... y retorno con tema eclesial

Amigos, tenía abandonado un poco este blog, pero ahora vuelvo.

Les dejo esta carta en El Mercurio para los interesados en la disciplina del Papa sobre los Obispos.

Cartas
Miércoles 15 de junio de 2016

Destitución de obispos








lunes, diciembre 14, 2015

Una guerra provocada desde Occidente


En medio de las confusas noticias, aconsejo creerles a los cristianos que están en el lugar y que no tienen un interés comprometido, y no a los occidentales que quieren taparse los ojos ante el mal que han contribuido a desatar.


De Infovaticana e Intereconomía, una entrevista para centrar las cosas.

Pero el cristiano burgués no se atreve a decir la verdad ni siquiera entre amigos, alrededor de una cerveza. Para no ser intolerante.

Leed.

La hermana María Guadalupe, que lleva cuatro años como misionera en la ciudad de Alepo, cuenta a Intereconomía TV su emocionante y conmovedor testimonio.
La misionera explica que antes de la guerra, Siria era un país donde se respiraba paz. Había una estabilidad social, y lo último que se esperaba era una guerra. Había gente que vivía muy bien, gracias al gobierno laico de al- Assad. Las distintas religiones vivían en paz, hasta que de pronto, de un día para otro, las cosas cambiaron.
“La guerra llegó de un día para otro, todo el mundo pensaba que sería imposible que nos ocurriera lo que nos está pasando ahora”, cuenta todavía sorprendida la hermana.
Defiende que existen muchos responsables de la guerra, y uno de ellos es Occidente debido a la financiación que ha destinado a los terroristas.
Afirma que lo que está ocurriendo en Oriente Medio, podría ocurrir en cualquier parte del mundo, incluida Europa. “En occidente estamos preocupados por los eventos sociales y las cosas superficiales. Esto hace que nos despreocupemos de otras cosas más importantes, lo que puede llevar al origen de una guerra”.
“La guerra es una suma de males. Si yo no hago el mal, pero permito que se haga, estoy colaborando con él”, explica la hermana Guadalupe.
En cuanto al tema de los refugiados, la misionera explica que se trata de un tema muy delicado, y defiende que la llegada de los refugiados podría ser una invasión islámica. “Europa es cristiana, y por eso debe recibir en primer lugar a refugiados cristianos. Los refugiados musulmanes deben ser acogidos en los países de Oriente Medio, que son muchos y muy ricos”.
También cuenta alguno de los duros testimonios de sirios que han sido secuestrados, historias y experiencias que vive de primera mano desde hace cuatro años.
Dice en su testimonio, que en Siria antes de la guerra se respiraba paz, se podía vivir una vida normal quienes conocieron la Irak de Sadam Hussein dicen lo mismo. ¿Qué ha cambiado y por qué? 
Lo que se vivía en Siria era una situación de lo más atípica para lo que es el Medio Oriente. Había buena convivencia entre cristianos y musulmanes.
En Siria había un bienestar social y un bienestar económico, era un país muy próspero. Había gente que vivía muy bien y que lo último que se esperaba era una guerra. No era una sociedad en la que se esperaba una guerra civil. No era que la gente no podía más de la situación. Hay gente que vivía muy bien, era un país que no sufría desocupación, gracias sobre todo al gobierno laico de al-Assad, que permitía la buena convivencia entre los distintos grupos religiosos. Se perdió todo de un día para el otro. Veíamos lo que estaba pasando en otros países y pensábamos que nunca iba a  pasar, que nunca iba a llegar a Siria. Y llegó. De un día para otro llegaron los tanques, las bombas y los tiros, que ya llevan años.
¿Son los países occidentales los responsables de la creación del Estado Islámico?
Yo creo que hay varios responsables, cada uno a su nivel. Cada uno tendrá que dar cuentas a Dios. Uno lo que ve en pantalla de tv son los grupos de fundamentalistas extremistas llevando adelante esta guerra y esta masacre contra los cristianos e infieles en general, pero detrás de ellos ¿Quién les está financiando? De algún lado tiene que salir. Hay intereses económicos y por eso son responsables incluso los que financian son los más culpables de lo que está pasando.
Dice que de un día para otro cambió todo en Siria. ¿Podría pasar lo mismo en los países europeos? 
Yo creo que sí, podría pasar en cualquier lugar. Alepo es la segunda ciudad de Siria después de la capital. Era famosa por su actividad comercial, y sistema financiero, “si caía Alepo caía el Gobierno”. Los rebeldes querían conquistarla. En Alepo la gente tenía una gran vida social. Estaban preocupados por sus fiestas, sus eventos sociales y era hasta conocida por sus excesos sociales. Era una ciudad occidentalizada. Hay gente tan entretenida con otras cosas, que de un día para otro uno no sabe cómo ha llegado. Los cristianos han asumido esta guerra como una posibilidad de purificarse y como una manera de vivir su fe. Estaban entretenidos en otras cosas del mundo, dejando de lado las cosas importantes. Eso en ese sentido nos puede llegar a todos. Cuántas sociedades tenemos en Occidente tan entretenidas con la vida material y de consumo, como si fuera lo único y lo más importante, y lamentablemente descuidamos tantas otras cosas que pueden llevarnos realmente a una guerra. La guerra es una suma de males. Si yo no hago el mal pero lo permito, también lo estoy haciendo. Si no hago el bien y permito que se haga el mal, estoy simplemente colaborando con la guerra. Que se desate hoy o que se desate dentro de diez años es lo mismo.
En cuanto a los refugiados que vienen de Oriente Medio, ¿Cree usted cómo ha dicho algún obispo húngaro que se puede tratar de una invasión islámica?
Podría serlo ciertamente. De hecho tenemos familias nuestras de Alepo que han logrado escapar a Europa y están campos refugiados viviendo en unas condiciones muy malas. Están sufriendo maltrato por parte de sus vecinos refugiados musulmanes. Sufren persecuciones en la misma Europa, ¡En tierra cristiana! Los refugiados musulmanes ni siquiera son sirios. Se dice que Europa debe abrir sus puertas a los refugiados, pero ¿por qué no se habla de que Europa, al ser cristiana, reciba en primer lugar a sus hermanos cristianos? Yo creo que la caridad empieza por casa. Ayudemos primero a los cristianos, y que los países de Oriente Medio, que son muchos y muy ricos, acojan a los refugiados musulmanes. No los reciben, tienen fronteras cerradas. Qatar, Emiratos Árabes, Arabia Saudita… ¿Por qué? Y se le exige a Europa que abra sus puertas. El tema es bastante complicado, es delicado. Hay que ayudar. Pero el tema no son los refugiados, es la guerra. Si no se para, los refugiados seguirán existiendo.
Cuenta en su testimonio que los cristianos se aferran más a su fe en estas circunstancias. Nos dejan impresionados los testimonios de los cristianos que han sido secuestrados o amenazados, como el de Rami.
Los testimonios son impresionantes, en general los cristianos que convivían en esa superficialidad que he contado antes. Vidas de mucho exceso y de pecado. Pero cuando llega la guerra, uno es consciente de que en cualquier momento puede ser asesinado, que la vida realmente se puede “terminar hoy”. Nos damos cuenta que el alma, que es lo más importante, la tenemos muy poco atendida, por así decirlo. ¿Dónde está lo importante? ¿Qué estoy haciendo con mi vida para prepararme para lo que viene después? Nuestra vida es corta en comparación con la eternidad. No conozco ningún caso de cristianos que en esta situación de guerra y persecución hayan renegado de su fe. En general, se han aferrado más a la fe y se han dado cuenta de que Dios es lo más importante.
Los testimonios son impresionantes, como el de Rami hay muchos otros. Era un muchacho de unos treinta años empresario, que no solía acudir a Misa. Durante el mes de mayo, sus amigos le invitaron a que fuera a Misa, ya que se llenaba de “chicas guapas”. Cuando pasó el mes de la Virgen y al ver que ya nadie acudía a Misa, prometió que no iba a pasar ningún día sin ir a Misa. Venía a Misa todos los días y un día no vino. Le habían secuestrado. Estuvo secuestrado durante dos días, en los que no dejó de rezar “Bajo tu amparo nos acogemos Santa Madre de Dios”. Consiguió despistar al vigilante, y tras pedir ayuda a Dios consiguió romper las fuertes cuerdas con las que había sido atado y logró escapar. Existen como este, milagros de fe todos los días, cristianos que apuntados con una ametralladora no reniegan de su fe.
Los que persiguen a los cristianos son los que hace unos años vivían la misma situación en Europa. ¿Cómo se puede vivir el cristianismo desde la sociedad occidental?
Estos cristianos están viviendo el Evangelio. En el Evangelio está escrito, “os perseguirán”. Todo cristiano en cualquier parte del mundo tiene que pensar si está siendo perseguido. Si mi testimonio de vida no está viendo ese choque, de alguna manera algo estaré haciendo mal. Si como cristiano estoy condescendiendo con todo, con los criterios del mundo que son anti evangélicos, entonces las cosas van mal. Tengo que discrepar y decir “esto no lo puedo aprobar”. Es algo que se tiene que notar, y eso va a significar que me discriminen, que se rían y que me separen y me aíslen. Eso es lo que falta realmente en nuestro cristianismo de occidente. Estamos acomodados con el espíritu del mundo.

jueves, noviembre 26, 2015

Sobre Cardenal Müller en Chile

Comparto blog de Infovaticana.


Müller en Chile: la verdad con caridad

Una síntesis apretada de las intervenciones del Cardenal Müller en Chile.
Su visita fue intensa. Dio una entrevista al principal diario del país; inauguró el Mes de María en el Santuario de Maipú; presidió la Misa inicial de la reunión anual de la Conferencia Episcopal; dio la conferencia sobre la familia en la UC y finalmente habló en Ágora UC sobre las universidades católicas. Yo asistí solamente a estas dos últimas actividades.
Sobre la familia, ya les adelanté lo principal: fue una profunda exposición y defensa de la teología católica sobre la familia, con expresa reafirmación de los puntos más contestados por la teología progresista.
Sobre las universidades católicas, lo más destacado fue su impulso a aplicar la Constitución Apostólica Ex Corde Ecclesiae, que es la Norma Fundamental de las Universidades Católicas. Si me permitís una entrevista a lo Scalfari, puedo reconstruir las siguientes ideas.
Primero expuso él sobre los desafíos de una universidad católica en un contexto de profunda secularización. Los fines propuestos por los fundadores, a finales del siglo XIX, siguen vigentes y deben vivirse en circunstancias nuevas, donde a veces la hostilidad del pensamiento laicista es aún mayor. La clave está en la fidelidad al Magisterio de la Iglesia. También llamó a asumir la opción preferencial por los pobres y por los jóvenes. Destacó que la Iglesia ha hablado de dos opciones preferenciales (y suele olvidarse una): por los pobres y por los jóvenes, y que Jesús se hizo pobre por nosotros, para enriquecernos con su pobreza; y también introdujo en la historia la eternidad, para hacernos jóvenes con su verdad siempre joven y nueva.
A la hora de las preguntas, un profesor de Derecho le contó que él trabajaba en la teoría de la ley natural como un puente entre el derecho occidental y el derecho chino, y le preguntó cómo debería extenderse el estudio del derecho natural a todas las facultades de la Universidad y no solamente quedar en Derecho. El Cardenal le respondió con una exposición sobre ese fundamento ético común a todas las culturas, que es el derecho natural, que debemos encontrar para fundamentar la pacífica y justa convivencia. Le dijo que el derecho presupone un fundamento antropológico y ontológico.
Después le hice yo una pregunta que, según supe después por boca de algunos asistentes, fue muy agradecida por varios y molestó a otros (no creo que al Cardenal).
Le dije que en el siglo XIX se fundó la Universidad Católica para hacer frente al laicismo y a la masonería, pero que ese no era ya el problema principal, porque uno se lleva relativamente bien con ateos y agnósticos y debate con ellos en diversos foros sin mayores conflictos. Ahora el verdadero problema es que estamos divididos entre los católicos, porque algunos defendemos la doctrina tradicional, mientras que otros, incluso algunos sacerdotes muy famosos, enseñan que el aborto podría ser legal en casos excepcionales, que el matrimonio civil también debe ser para personas del mismo sexo, y que es lícito resistir el nombramiento de obispos por el Papa, como sucede en alguna diócesis chilena en este tiempo (no le di el nombre). Y le pregunté si la Jerarquía de la Iglesia, y especialmente Roma, podrían hacer algo para ayudar a rectificar esta situación. También le dije que el problema era de conflicto objetivo, por las diferencias doctrinales profundas, pero que entre los católicos divididos por nuestra interpretación de lo que significa ser católicos nos queremos y nos respetamos. Solo que la situación impide promover la auténtica identidad católica de la UC.
En su respuesta, el Cardenal Müller corrigió un error en mi pregunta. Es lógico, porque él es el Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y yo soy solamente el Gran Inquisidor del Santo Oficio (básicamente: él está vigente y yo estoy derogado).
Me dijo que, en realidad, el problema de los laicistas y masones seguía igual de vigente, y que en muchos aspectos era todavía más hostil que en el siglo XIX. (Advierto que he reformado mi modo de pensar en esto y que acepto la corrección).
Después afirmó sin tapujos que no puede ser católico quien no acepta toda la doctrina católica. Y recordó brevemente la doctrina sobre el aborto, la homosexualidad y la obediencia debida al Papa.
Sobre la homosexualidad fue bastante políticamente incorrecto: el Sínodo reciente ha hablado de personas que experimentan alguna tendencia hacia alguien del mismo sexo, pero ya no debemos hablar de los homosexuales o de personas homosexuales porque los seres humanos somos solamente varones o mujeres: no existen los homosexuales. (Paréntesis mío: hay documentos del Magisterio que hablan de personas homosexuales, pero hace tiempo que se intenta corregir el lenguaje para no dar la impresión de que esta situación implica una identidad). Y lógicamente el matrimonio, que es para la procreación de los hijos y formar una familia, exige de varón y mujer.
Sobre la obediencia de los laicos al Papa dijo, dirigiéndose al Nuncio, que había visto el video con la profanación de los laicos en la Misa en que el Obispo de Osorno asumió su cargo, y que eso era inaceptable. Ciertamente el Papa se puede equivocar en estas cosas, pero hay procedimientos muy rigurosos en la Santa Sede para juzgar de la idoneidad del Obispo. Finalmente no son los laicos los que juzgan de esta idoneidad, sino el Papa. Aunque puede equivocarse, el Santo Padre no es solamente el supremo maestro de la doctrina, sino que también tiene una potestad disciplinar que debe ser seguida por todos. (Paréntesis: hice esta pregunta sobre laicos vs. Obispo y Papa porque un estudiante de mi seminario, a quien estimo mucho, lidera la oposición de los laicos contra el Obispo de Osorno, y estaba presente en la reunión: de hecho, al término intentó hablar con el Nuncio, con poco éxito).
El Cardenal no dijo nada sobre qué podría hacer la Jerarquía —ni Roma— para ayudar en este conflicto. Pero su visita a Chile es parte de la respuesta. Elocuente.
Una tercera pregunta fue de un filósofo, que afirmó que, además del fundamento ontológico y antropológico de la enseñanza, debía haber un fundamento ético, y le pidió al Cardenal que hablara sobre el ethos universitario. El Cardenal estuvo de acuerdo con todo.
Por último, el Rector le preguntó cómo hacer compatible esa posición firme en la doctrina y en los principios católicos, que queremos promover en la Universidad, con estar abiertos al mundo que nos rodea y especialmente a los miembros de la comunidad universitaria que no son católicos y que vienen por la calidad académica de la institución.
El Cardenal Müller le respondió que, en cuanto a los profesores, debían estar todos comprometidos con el respeto a los principios de la Universidad. También dijo que por ningún motivo podíamos quedarnos callados respecto de las enseñanzas de la Iglesia no compartidas por una parte de la sociedad. Por el contrario, debemos dar testimonio de toda la verdad, sin temor. Si nos callamos, habrá mucha gente que se confunda y termine en el error. Es verdad que hay muchos que «no tienen fe todavía» o son «todavía no-creyentes»; pero están en búsqueda de algo trascendente, y con ellos debemos dialogar, explicándoles la verdad del Evangelio y de la doctrina de la Iglesia. Ante situaciones difíciles, como la muerte de un hijo o un amigo, también los creyentes podemos sentir dudas. Por eso, es muy raro que haya alguien que sea con seguridad totalmente ateo. Son personas poco inteligentes las que tienen certeza absoluta de que Dios no existe, porque es una contradicción. Con todas podemos dialogar para dar testimonio de la fe.
En síntesis, a todos nos quedó muy claro que la manera de enfrentar la diversidad no es el silencio, ni el acomodo, en materias de fe y de moral.
Gracias, Cardenal Müller. Vuelva a Chile.

Sobre Cardenal Müller en Chile

Comparto blog de Infovaticana.


Müller en Chile: la verdad con caridad

Una síntesis apretada de las intervenciones del Cardenal Müller en Chile.
Su visita fue intensa. Dio una entrevista al principal diario del país; inauguró el Mes de María en el Santuario de Maipú; presidió la Misa inicial de la reunión anual de la Conferencia Episcopal; dio la conferencia sobre la familia en la UC y finalmente habló en Ágora UC sobre las universidades católicas. Yo asistí solamente a estas dos últimas actividades.
Sobre la familia, ya les adelanté lo principal: fue una profunda exposición y defensa de la teología católica sobre la familia, con expresa reafirmación de los puntos más contestados por la teología progresista.
Sobre las universidades católicas, lo más destacado fue su impulso a aplicar la Constitución Apostólica Ex Corde Ecclesiae, que es la Norma Fundamental de las Universidades Católicas. Si me permitís una entrevista a lo Scalfari, puedo reconstruir las siguientes ideas.
Primero expuso él sobre los desafíos de una universidad católica en un contexto de profunda secularización. Los fines propuestos por los fundadores, a finales del siglo XIX, siguen vigentes y deben vivirse en circunstancias nuevas, donde a veces la hostilidad del pensamiento laicista es aún mayor. La clave está en la fidelidad al Magisterio de la Iglesia. También llamó a asumir la opción preferencial por los pobres y por los jóvenes. Destacó que la Iglesia ha hablado de dos opciones preferenciales (y suele olvidarse una): por los pobres y por los jóvenes, y que Jesús se hizo pobre por nosotros, para enriquecernos con su pobreza; y también introdujo en la historia la eternidad, para hacernos jóvenes con su verdad siempre joven y nueva.
A la hora de las preguntas, un profesor de Derecho le contó que él trabajaba en la teoría de la ley natural como un puente entre el derecho occidental y el derecho chino, y le preguntó cómo debería extenderse el estudio del derecho natural a todas las facultades de la Universidad y no solamente quedar en Derecho. El Cardenal le respondió con una exposición sobre ese fundamento ético común a todas las culturas, que es el derecho natural, que debemos encontrar para fundamentar la pacífica y justa convivencia. Le dijo que el derecho presupone un fundamento antropológico y ontológico.
Después le hice yo una pregunta que, según supe después por boca de algunos asistentes, fue muy agradecida por varios y molestó a otros (no creo que al Cardenal).
Le dije que en el siglo XIX se fundó la Universidad Católica para hacer frente al laicismo y a la masonería, pero que ese no era ya el problema principal, porque uno se lleva relativamente bien con ateos y agnósticos y debate con ellos en diversos foros sin mayores conflictos. Ahora el verdadero problema es que estamos divididos entre los católicos, porque algunos defendemos la doctrina tradicional, mientras que otros, incluso algunos sacerdotes muy famosos, enseñan que el aborto podría ser legal en casos excepcionales, que el matrimonio civil también debe ser para personas del mismo sexo, y que es lícito resistir el nombramiento de obispos por el Papa, como sucede en alguna diócesis chilena en este tiempo (no le di el nombre). Y le pregunté si la Jerarquía de la Iglesia, y especialmente Roma, podrían hacer algo para ayudar a rectificar esta situación. También le dije que el problema era de conflicto objetivo, por las diferencias doctrinales profundas, pero que entre los católicos divididos por nuestra interpretación de lo que significa ser católicos nos queremos y nos respetamos. Solo que la situación impide promover la auténtica identidad católica de la UC.
En su respuesta, el Cardenal Müller corrigió un error en mi pregunta. Es lógico, porque él es el Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y yo soy solamente el Gran Inquisidor del Santo Oficio (básicamente: él está vigente y yo estoy derogado).
Me dijo que, en realidad, el problema de los laicistas y masones seguía igual de vigente, y que en muchos aspectos era todavía más hostil que en el siglo XIX. (Advierto que he reformado mi modo de pensar en esto y que acepto la corrección).
Después afirmó sin tapujos que no puede ser católico quien no acepta toda la doctrina católica. Y recordó brevemente la doctrina sobre el aborto, la homosexualidad y la obediencia debida al Papa.
Sobre la homosexualidad fue bastante políticamente incorrecto: el Sínodo reciente ha hablado de personas que experimentan alguna tendencia hacia alguien del mismo sexo, pero ya no debemos hablar de los homosexuales o de personas homosexuales porque los seres humanos somos solamente varones o mujeres: no existen los homosexuales. (Paréntesis mío: hay documentos del Magisterio que hablan de personas homosexuales, pero hace tiempo que se intenta corregir el lenguaje para no dar la impresión de que esta situación implica una identidad). Y lógicamente el matrimonio, que es para la procreación de los hijos y formar una familia, exige de varón y mujer.
Sobre la obediencia de los laicos al Papa dijo, dirigiéndose al Nuncio, que había visto el video con la profanación de los laicos en la Misa en que el Obispo de Osorno asumió su cargo, y que eso era inaceptable. Ciertamente el Papa se puede equivocar en estas cosas, pero hay procedimientos muy rigurosos en la Santa Sede para juzgar de la idoneidad del Obispo. Finalmente no son los laicos los que juzgan de esta idoneidad, sino el Papa. Aunque puede equivocarse, el Santo Padre no es solamente el supremo maestro de la doctrina, sino que también tiene una potestad disciplinar que debe ser seguida por todos. (Paréntesis: hice esta pregunta sobre laicos vs. Obispo y Papa porque un estudiante de mi seminario, a quien estimo mucho, lidera la oposición de los laicos contra el Obispo de Osorno, y estaba presente en la reunión: de hecho, al término intentó hablar con el Nuncio, con poco éxito).
El Cardenal no dijo nada sobre qué podría hacer la Jerarquía —ni Roma— para ayudar en este conflicto. Pero su visita a Chile es parte de la respuesta. Elocuente.
Una tercera pregunta fue de un filósofo, que afirmó que, además del fundamento ontológico y antropológico de la enseñanza, debía haber un fundamento ético, y le pidió al Cardenal que hablara sobre el ethos universitario. El Cardenal estuvo de acuerdo con todo.
Por último, el Rector le preguntó cómo hacer compatible esa posición firme en la doctrina y en los principios católicos, que queremos promover en la Universidad, con estar abiertos al mundo que nos rodea y especialmente a los miembros de la comunidad universitaria que no son católicos y que vienen por la calidad académica de la institución.
El Cardenal Müller le respondió que, en cuanto a los profesores, debían estar todos comprometidos con el respeto a los principios de la Universidad. También dijo que por ningún motivo podíamos quedarnos callados respecto de las enseñanzas de la Iglesia no compartidas por una parte de la sociedad. Por el contrario, debemos dar testimonio de toda la verdad, sin temor. Si nos callamos, habrá mucha gente que se confunda y termine en el error. Es verdad que hay muchos que «no tienen fe todavía» o son «todavía no-creyentes»; pero están en búsqueda de algo trascendente, y con ellos debemos dialogar, explicándoles la verdad del Evangelio y de la doctrina de la Iglesia. Ante situaciones difíciles, como la muerte de un hijo o un amigo, también los creyentes podemos sentir dudas. Por eso, es muy raro que haya alguien que sea con seguridad totalmente ateo. Son personas poco inteligentes las que tienen certeza absoluta de que Dios no existe, porque es una contradicción. Con todas podemos dialogar para dar testimonio de la fe.
En síntesis, a todos nos quedó muy claro que la manera de enfrentar la diversidad no es el silencio, ni el acomodo, en materias de fe y de moral.
Gracias, Cardenal Müller. Vuelva a Chile.

sábado, octubre 24, 2015

El tonto del pueblo en Infovaticana



Leed:


El tonto del pueblo asiste al Sínodo





Por humildad —la única virtud que conservo intacta desde niño—, he decidido que la sugerencia, de mis discípulos infames, de firmar como El tonto del pueblo no sea enteramente desoída. Y es que mi madre me enseñó, desde pequeño, que la mejor manera de ser inteligente es hacerse el tonto. Ella lo hacía de maravilla.
El tonto del pueblo viaja, entrevista personajes, averigua informaciones ultrasecretas, pregunta, llora, gime, patalea.
Hace algunos días me preguntó un amigo, desde Colombia (¿alguien entiende cómo funciona el correo electrónico? Es increíble): «¿Cómo ves el avance del Sínodo?». Podía sentir el temblor en su barbilla, típico de buen católico que pregunta esto, cuando todos los medios de comunicación han silenciado al Papa Bueno y han voceado a gritos al Papa Progre; han hecho un show con tres o cuatro herejes de tomo y lomo, para casi nada decir de la notable unanimidad moral entre los Obispos católicos, que son casi todos. (Aquí no me vengan con leguleyadas: Nestorio y Arrio también eran católicos).
Así que, como no soy timorato y tengo información privilegiada, le respondí sencillamente así: «El Sínodo va muy bien, impregnado del carácter caótico del Papa, pero con gran unidad doctrinal. Más detalles podría darte luego».
El tiempo se me fue, y mi amigo no me pidió detalles. Lo cierto es que he tenido acceso, desde el 2014, a intervenciones de un calado teológico abrumador y de una fuerza profética que a veces me pareció hasta violenta, pronunciadas con una autoridad que ha dejado a los padres sinodales sin aliento y sin ganas de ceder en lo más mínimo a las presiones de esos poquísimos fautores de novedades.
Si alguien me ofrece un soborno considerable, podría atreverme a filtrar —como se dice entre los conspiradores— esas palabras inspiradas, con las que el Papa Francisco estuvo plenamente de acuerdo y solamente dos o tres despistados no entendieron.