viernes, julio 04, 2008

Betancourt: la alegría y la ira

Betancourt: ¡qué alegría!

Ha sido rescatada Ingrid Betancourt. Desde Chile nos unimos a la alegría suya, a la de los suyos, a la de los colombianos y a la de los franceses, a la de todos los hombres bien nacidos.

Nos alegramos por ella como nos alegramos por cada inocente arrancado de las garras de la violencia y de la locura, de la malicia impune. Y esta alegría es incondicional. No depende de lo que hagan o digan otros; no depende de si fue rescatada con medios legítimos o ilegítimos; no es más que la reacción de un espíritu que goza de libertad y con la libertad.

Un medio de prensa afirma que, con este rescate, la guerrilla ha perdido "su moneda de cambio". Permítanme, entonces, decir algo más allá de la alegría.

Algo que tiene que ver con la ira.

¿Cuánto tardaron los franceses en aquilatar el dolor de los secuestrados por la heroica guerrilla sudamericana? ¿Cuánto se demoraron los europeos en catalogar a las FARC como grupo terrorista?

Mas no creáis que me refiero a los europeos en bloque. Dios me libre, cuando tanto bien hemos recibido de ellos. Me refiero a los europeos liberales de izquierda, a los que todavía usan la imagen del Che Guevara en sus camisetas, a los que rinden culto histórico a Salvador Allende, que son los mismos que, hasta hace poco, no sabían dónde estaba la nobleza y dónde la ignominia de Colombia.

Me refiero a esas gentes, en Europa y en otros lados, que solamente miran y remiran al gobierno colombiano porque no logra erradicar los abusos de los paramilitares, o no los castiga lo suficiente, lo que estos justicieros de escritorio querrían que se los castigara; pero son incapaces de ver que ese mismo gobierno está concentrado en lo más urgente, en erradicar a las FARC, y hace lo que puede —también negocia y llega a tratos de desarme— con los otros grupos violentos, surgidos como reacción de autodefensa en un estado incapaz de proteger a sus propios ciudadanos.

Esas gentes comenzaron a compadecerse de los miles de secuestrados por las FARC gracias a que fue secuestrada la dichosa "moneda de cambio". Y la "moneda de cambio" nos hace ver cuán desiguales son los secuestrados ante la mirada, que se cree divina, de los burgueses acomodados, racistas aunque no lo quieran, izquierdistas dislocados.

Entonces nos preguntamos: ¿cuándo juzgarán a Álvaro Uribe por sus crímenes contra los derechos humanos? ¿Testificarán a su favor todos los que hoy, de izquierda y de derecha, se alegran por Igrid Betancourt?

Yo me alegro por ella. Con los hipócritas, solamente rabia.

miércoles, julio 02, 2008

Allendemanía

Oh, my dear! Parece que todo el mundo se está tomando en serio el centésimo aniversario de ese 26 de junio en que el mundo vio nacer a un Salvador (Allende) que llegaría a ser un Perdedor (Allende). Yo quería sustraerme a la locura, pero los ataques de risa me empujan a decir algo aparte del jajajá. Es que me se me saltan las lágrimas de las carcajadas que me dan leyendo a los socialistas, como el nefable senador Escalona (¿o era ministro vocero de gobierno, que dice tantas leseras?), que ensalzan al compañero Allende por haber servido de precursor del capitalismo que ahora triunfa: del modelo de mercado con equidad, del auge exportador, de la democracia, en fin, de todo lo que Pinochet dejó armado. Algunos dicen que si Allende viviera estaría en la Concertación, y no me cabe duda.

Claro que no sería por su lealtad con el comunismo, sino porque el muy frívolo y macuco habría evolucionado junto con toda la panda de socialistas y comunistas renovados. Habría ido desde defender la estatización de la economía a defender la privatización del estado. Y ya sabéis a qué me refiero: no a la privatización de empresas, por cierto, sino del estado en sí mismo, con camas y petacas.

De todos modos, tengo que reconocer que el embrujo del Salvador Perdedor debe de ser grande entre los chicos de izquierda, porque ni los más cerebrales y bien dotados de un sano sentido crítico han podido evitar una burda canonización del héroe, del santo del materialismo ateo. Y, a fin de cuentas, debe de ser un santo, pues que hace milagros tan grandes. Uno lo hizo en vida, preparar el camino a la Junta de Gobierno, por lo que tanto lo celebra Escalona como precursor. El argumento de Escalona es así de tarado: si no hubiera habido Allende, no tendríamos el auge exportador del campo; estupendo, pues, vayamos por la senda de la idiotez, entonces, y démosle las gracias, a Allende, por haber consumado la destrucción de un país, que hizo necesario rehacerlo con la fuerza de los soldados. Los demás milagros los ha obrado don Salvador Perdedor desde el Oriente Eterno que, cual astro oscuro, pasó a decorar: ha conseguido eliminar las sinapsis de gentes otrora relativamente pensantes, dejarlos como vegetales de la historia y de la política.

Con tanto milagro, ¿cómo que no lo canonizamos también los cristianos? San Allende, ¡ora pro nobis, mierda!


lunes, junio 30, 2008

Ausencia justificada

Amigos, amigas, cibernautas: He estado ausente por causa de fuerza mayor, es decir, por pereza. Ya volveré con algo más contudente dentro de unos días. Por ahora, estoy haciendo fuerza mental para que J. A. K. sea el nuevo Presidente de su partido, pobre partido, miserable partido, escandaloso partido, pero, en fin, se merece un excelente Presidente. De todos modos, si no me falla el olfato respecto de la UDI, si es verdad que se está convirtiendo en un partido político tradicional, con todas sus corruptelas y sus mentiras, me temo que es probable que José Antonio pierda.

martes, junio 03, 2008

Los carabineros del pueblo

La sensible muerte del General Director de Carabineros, don José Bernales, ha desatado una fuerza colectiva de simpatía hacia los carabineros todos. Ellos son y han sido siempre los protectores del pueblo contra la violencia interna. Cuando esa violencia fue políticamente motivada, las ideologías subversivas subyacentes consiguieron vincular la imagen del carabinero —hombre del pueblo y para el pueblo— con la simple represión estatal. Por desgracia, muchas veces se los vio bajo una luz siniestra, cuando todo lo siniestro ha estado —entonces y ahora— en los agitadores del odio. Junto al general fallecieron otros carabineros y sus esposas, como en una representación de todos nosotros. Que descansen en paz y que también la paz acompañe a los carabineros, ahora rodeados del cariño de su pueblo.

lunes, mayo 26, 2008

El mensaje presidencial del 21 de mayo: consenso transversal

Me asiste la seguridad de que para ninguno de los lectores de El Mercurio fue una sorpresa el consenso transversal entre los columnistas de Reportajes acerca del mensaje presidencial del 21 de mayo. Los estilos de Gonzalo Rojas, Carlos Peña y Max Colodro son, ciertamente, diferentes, tanto como sus ideologías e intereses. Por fortuna, su nivel de inteligencia es semejante, bastante superior al de la masa adicta a la cual se dirigió nuestra presidenta, tan querida y tan amable. Y la inteligencia suele llevar, cuando no se interpone una pasión exagerada, a un consenso sobre la verdad. En este caso, que Michelle Bachelet no logra disimular la mediocridad de su gobierno —tan poca realidad, a pesar de tantos medios— ni el daño que le ha hecho a sus partidarios ni su incapacidad para resolver los nudos que la atan.

Sin embargo, hemos de tomar nota de que gracias a ella se desvela cada vez más claramente la nueva naturaleza de la rendición de cuentas al país, representado por el Congreso Pleno, cuando el discurso constituye una cadena nacional de televisión gratuita y con un guión bien ensayado. Ya no es una rendición de cuentas ante lo más representativo de la inteligencia y de la virtud cívica, sino un espectáculo para el populacho, para los que todavía creen en las palabras de sus gobernantes como si vinieran de lo alto.

De ahora en adelante, deberían asistir solamente aquellos señores políticos necesarios para las entrevistas finales, para hablar del Señor de la Querencia, de las Ballenas, del Cocaví, de lo que hiciera reír a los viejos ociosos que miran la tele mientras sus hijos duermen, roncan a sabiendas de que más vale hundirse en la inconsciencia individual que ser hundidos en la inconsciencia colectiva.


miércoles, mayo 14, 2008

¿The Clinic tiene auspiciadores decentes?

No lo puedo creer. Mis amigos de MuéveteChile me cuentan que el pasquín The Clinic . . . ¡cuenta con auspiciadores!, gente que les da dinero a cambio de la basta literatura del periódico. Naturalmente, se trata de auspiciadores indecentes, que con eso atraen o retienen a gente indecente.

Ellos son: Radio Activa, Bar-Restaurant Liguria, Radio Cooperativa, TVN, Chilevisión y Patagonia sin Represas.

Ya sabemos qué hacer, entonces. Excluir a estos mercaderes de la dignidad humana de nuestro trato: No ver Chilevisión (ni votar por su dueño, ciertamente: ¿o nos da igual, Sebastián, que con tu dinero ayudes a corromper a Chile?), no oír esas radios, no pensar que pueda ser de buen tono entrar en el Liguria.

Sé que a ellos no les importará, a los que quieren Patagonia sin Represas pero se olvidan de la nuestra aspiración a un Chile sin Mierda.

Mas, a la larga, la protesta silenciosa de los ciudadanos decentes dará sus frutos.

Ah, y ojo con Sebastián Piñera, el dueño de Pornovisión: con un 1% de ciudadanos ofendidos que anulemos el voto, no gana en segunda vuelta.

domingo, mayo 11, 2008

No al Día de la Madre

Fiesta universal del comercio: business as usual!

Si viviéramos en un mundo que venerase la maternidad, que no la viera como una esclavitud de la que se ha de liberar a las mujeres, entonces creería yo que estábamos ante una fiesta de verdad, un acto de contemplación del bien y de culto al Donador de todos los bienes. No es así. El culto y el agradecimiento a Dios son despreciados, arrinconados. La única manera que se nos sugiere públicamente para honrar a las madres es: ¡comprad!

Susurra la serpiente: "Sí, Ella, tu Madre, lo necesita. Un teléfono móvil. Un perfume. Una lavadora de platos. Sí, Ella sonreirá, te amará más ahora, cuando sienta la suavidad de la seda, de la rosa fina que solamente se encuentra en la florería global. ¡Sí, qué felices somos con nuestras madres!".

Ha llegado a ser imposible sustraerse a la celebración universal del Día de la Madre. Es una fiesta de precepto, de culto público, porque tiende al único fin último compartido: ¡las riquezas!

Yo celebro a mi madre varias veces al año. Varias veces al día. Celebro que haya acogido en su seno once hijos. Celebro que haya vivido para su casa, teniendo su felicidad en la felicidad de los otros.

Celebro cuando cerró lo oídos al consejo brutal de no tener otro hijo, tan pronto, después del primero. Si se me permite, lo celebro con egoísmo bueno. Gracias a esa sordera ante las palabras ponderadas que le sugerían una supuesta maternidad responsable, gracias a su amor a la vida, yo existo: ningún aporte espectacular al mundo, lo reconozco; pero un aporte total a mí mismo, por poco que sea.

Sí, señores, que cuando la marea consigue que los hijos sin padres se multipliquen (ahora son la mayoría en mi pobre patria, esos que antes llamábamos huachos), y que se considere como un progreso descomunal incorporar a todas las mujeres al trabajo, al mercado, junto a todos los hombres, entonces yo simplemente no creo que alguien celebre la maternidad. Los hijos queremos a nuestras madres, las veneramos, les agradecemos sus risas y sus llantos, sus caricias y sus coscorrones, sus consejos y sus gritos. ¡Pero no me digan que la sociedad entera las celebra!

Yo celebraré por siempre a todas las madres, dando gracias a Dios. No olvidaré jamás, eso sí, la queja resignada de esas ancianas del Centro Geriátrico de Santiago, cuando les contaban a esos chiquillos de buenas familias (no tengo otra palabra: papá, mamá, hermanos, unidos en las duras y en las maduras, minorías selectas de todas las clases sociales), a esos niños que las visitaban para aliviar su soledad, que sus propios hijos ya nos las veían nunca. ¿Y cuánto cuesta visitar a la madre enferma y sola, vieja e inútil, hecha un atado de recuerdos entrecortados y de quejas y de suspiros? Sí, de acuerdo, cuesta más que una tarjeta postal, más que una llamada de larga distancia, más que un telefonillo con cámara digital, más que una perla engastada en platino, más que ese dificultoso pensamiento de si acaso no será al revés de como la propaganda nos lo pinta, si acaso no será que la cultura de la muerte, es decir, la nuestra, celebra a la madre, a la dadora de la vida, como a la sobreviviente de la liberación femenina, como el pretexto para seguir enriqueciendo a todos esos que explotan a la tan ensalzada "mujer trabajadora".

¡Imbéciles! ¡Tropa de cretinos! ¡¿Qué es eso, qué clase de nuevo insulto es este de "la mujer trabajadora"?! ¿Aquella cuyo aporte al Producto Geográfico Bruto cuenta porque en lugar de lavar los pañales de sus hijos lava los calzoncillos del ricachón pervertido que se solaza con películas porno en un hotel de lujo?

No más, amigos míos, no más.

Ahora paso al tú, porque, de tanto pensar en cómo se insulta a mi madre con esta fiesta del consumo, con eso de la "mujer trabajadora", con la marcha de las putillas que se enojan porque en Chile defendemos la vida de los hijos por nacer, con todo eso ya me hierve la sangre y no me queda más remedio que hablarte de tú, a ti, al hijo que nació, que fue educado y reprendido por su madre, que la tuvo a su lado con heroísmo a pesar de que todas las circunstancias la empujaron, también a ella, a convertirse en "mujer trabajadora".

Tú no tienes derecho a la madre que has tenido, pero no dejes que el agradecimiento se enlode con una marca de lujo, mira que ella lo hizo gratis.

Tú no puedes darte el lujo de la frivolidad, de pensar que tu madre fue heroica, santa, y que ahora tendría que serlo también la madre de tus hijos, la "mujer trabajadora".

Tú tendrías que comenzar un movimiento de rebeldía a favor de las madres, de todas las madres, que están siendo exprimidas como naranjas porque el ideal para ellas, dicen los tarados que no saben lo que dicen, es poder vivir dos vidas, una vida de cuarenta y ocho horas diarias.

¿Libertad para elegir? ¿Sí? ¿Acaso las mujeres madres trabajadoras, que son compelidas por el sistema a desatender sus hogares para alimentar a sus hijos, no preferirían que les pagaran por ser madres? Si dejamos de lado unos pocos casos de señoras que "se realizan" como diseñadoras, comerciantes, escritoras, profesoras, ¿no es verdad, en cambio, que la mayoría de las madres abandonan a sus hijos casi todo el día a causa de una coacción insuperable, la necesidad de sobrevivir?

Yo no apoyo el día de la madre, porque es una burla de mal gusto. No conozco ese "feminismo cristiano" con el que soñaba Juan Pablo II. Las señoras cristianas que juegan a feministas rezuman un complejo de inferioridad ante sus colegas del verdadero feminismo, el que convirtió a las madres en estériles, a los hijos en huachos, a sus vientres en receptáculos hiperdisponibles para machos incontinentes.