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martes, octubre 29, 2019

Golpe o revolución

Señor Director:

Es imposible recuperar la tranquilidad en Chile si se impone la interpretación de que la reciente pérdida de la paz social es debida a un simple malestar social o a una acumulación de injusticias, y que todo podría calmarse cediendo a la extorsión de la violencia mediante ofertas materiales y un cambio de gabinete. Se debe advertir que, en realidad, hay un intento de golpe de Estado en democracia, que para sus fautores solo puede se aplacado mediante el sacrificio del Presidente (renuncia o destitución). 

El populacho, una vez que siente el sabor de la sangre, es insaciable. Así lo demuestra la historia de las revoluciones.

Solamente una prudencia gubernativa extraordinaria y una alianza entre todas las fuerzas políticas, con exclusión de las golpistas o revolucionarias, podría desarticular este proceso inicuo en marcha. La patria demanda de todos detener de una vez la violencia y no hacerse cómplice de ella mediante palabras incendiarias, protestas supuestamente pacíficas que cobijan a los violentistas y la indefinida prolongación de la paralización forzada del país.

Cristóbal Orrego Sánchez

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Enviada a la prensa 28-X-2019

Condenamos la violencia

Acojo de inmediato el llamado del gobierno a que todos condenemos la violencia.

Como antilíder indiscutido de Chile, llamo a los políticos del partido comunista y los otros grupos totalitarios de Chile a deponer la violencia. A dejar de aprovecharse de la violencia y del caos para promover e imponer las leyes y la política, como la asamble constituyente, que no han podido imponer mediante las votaciones democráticas.

Llamo a los ciudadanos corrientes a seguir en pie, con sus chalecos amarillos, defendiendo sus casas y calles, condenando la violencia y deteniéndola con la fuerza de la ley.

Y llamo al gobierno a poner término a la violencia, de la cual puede ser responsable por omisión.

Ya basta.

domingo, octubre 27, 2019

La solución tecnocrática, ¿será suficiente?

"Agenda Social", bajar los costos de la luz, aumentar los impuestos... ¿Congelar los precios de los medicamentos, según la tentación chavista del ministro de Salud? En esas estamos, sin que, no obstante, se logre aplacar la violencia de una minoría, ni resistir a las amenazas grandilocuentes de quienes las agitan irresponsablemente desde la política, las comunicaciones y la cultura.

Eso se llama pánico acompañado de tecnocracia: medidas meramente técnicas, económicas, propulsadas por el miedo, camuflado de "oír a la gente" (el audio sincero de Cecilia Morel fue más elocuente que mil discursos del Presidente Piñera). 

No vamos bien así, porque los problemas políticos, morales y espirituales, exigen un lento ensamblaje de respuestas de igual índole y profundidad. Demandan, además, como mínimo —bien nos lo recuerda Carlos Peña—, que el Estado imponga el orden legal mediante el recurso legítimo a la fuerza, cuyo monopolio se le ha confiado. De lo contrario, este monopolio se deslegitima y, a la postre, se pierde. Nos abrimos a la autodefensa y a la lucha civil, siempre peores y más crueles.

En fin, abandonando una ingenuidad infantil, necesitamos dar una lucha decidida contra los movimientos ideológicos gnósticos y totalitarios (PC y cómplices).

Más política y espíritu; menos tecnocracia y demagogia.

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Carta enviada hace unos días a la prensa

sábado, octubre 26, 2019

¿La hora del populismo?

No entro al fondo de cada medida de la "Agenda Social". Concedamos que todas son buenas, arguendo, y tan buenas que un líder de la derecha populista las habría puesto en su programa, como seguramente harán Lavín, Ossandón y quizás Kast dentro de poco. 

Solamente quisiera decir ahora una cosa: la violencia ha sido eficaz; el crimen sí paga.

Ya es la enésima vez que las leyes parten de la presión de una minoría violenta, más o menos violenta: las tomas universitarias son violentas, aunque no sean con incendios y muertos; las protestas y marchas "pacíficas", con niñitos en sus cochecitos, con música pop y bailes de máscaras, son frívolas pero violentas, porque terminan violando el toque de queda y dando paso a provocar a nuestros carabineros y soldados. 

Los políticos, en una enésima desconexión con su pueblo, legislan ahora, encabezados por el Presidente Piñera, en contra del programa aprobado por la mayoría electoral, cuando bastaban dos años de paciencia para ver cuántos ciudadanos realmente querían cambiar de rumbo. 

¡La democracia sustituida por el clamor de unos pocos a lo largo de Chile!

Por el otro extremo, la oligarquía, la plutocracia chilena apesta. Antes decían, esos mismos oligarcas, que era imposible hacer más por los pobres, por falta de dinero. De la noche a la mañana, eso mismo se hace posible, por la presión de la violencia. 

Codicia aderezada con miedo.

Es urgente que al menos la parte mejor de los más ricos demuestre que en Chile no todos son oligarquía y plutocracia, sino que algunos —me consta que los hay— son aristócratas, aunque tengan vergüenza de decirlo así. Se tienen que notar: entrar en la política, aportar sus capacidades y sus recursos, sin miedos, sin vacilaciones, sin egoísmo.

Necesitamos, además, un líder populista de derecha, y los candidatos posibles ya lo saben. Es la hora de Lavín, populista liviano y camaleónico, que corre con ventaja; es la hora de Ossandón, populista demagógico, y es la hora de Kast, populista serio, un rol difícil de interpretar: el populismo con autoridad y sin demagogia. 

El pueblo estará con ellos: con el orden, con la tranquilidad necesaria para progresar, y contra los bailarines y los caceroleros izquierdistas de la "protesta pacífica".


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Carta enviada a la prensa hace unos días.

Miedo a dar ideas...

Quizás no hay que dar demasiadas ideas, no vaya a ser que se lleven a la práctica. Quizás por eso todavía no me lanzo a las redes sociales y a intervenir en la vida pública en Chile, aunque estoy muy tentado.

Pero por ahora iré copiando aquí las cartas no publicadas. Es que uno se pone demasiado hablador cuando hay efervescencia de opinantes.

miércoles, octubre 23, 2019

¿Volver a la vida pública...?

Estoy deliberando sobre si volver a la vida pública, que, en mi caso, ha sido la vida publicada en diarios y blogs.

La subversión en Chile —había paz, con problemas como en todas partes, pero paz donde ahora hay violencia— y la crisis de la Iglesia me llevan a pensar que hay que hacer algo más por la patria y por la fe.

¿Qué piensan? ¿Qué hacer?

¿Escribir más...?

¿Participar en la política activa...?

¿Inscribirme en el Partido Republicano de José Antonio Kast? (Aunque yo soy más de derecha que eso).

¿Iniciar una organización de la sociedad civil?

Acepto comentarios y sugerencias, aquí o por correo electrónico.






domingo, octubre 20, 2019

Sobre la violencia y su causa espiritual

Violencia y espíritu

Señor Director:

Hasta el momento, nuestros dirigentes políticos y sociales han resaltado los aspectos materiales del reciente estallido de violencia en Chile: desigualdades sociales, el costo de la vida, etc. Más allá del genuino valor, aunque parcial e insuficiente, de tales reacciones, conviene reflexionar sobre la primacía de lo espiritual en el nivel causal. 

Sucesos demenciales presentan un patrón prácticamente idéntico en países muy ricos (Estados Unidos, Francia, España, etc.) y ante supuestas injusticias de muy diversa índole. Me parece, por eso, que el mal de fondo tiene que ver menos con las condiciones materiales de la existencia y sus alteraciones que con la crisis espiritual mayúscula que afecta a todos estos países: la desintegración familiar y especialmente la privación del padre desde la infancia (ojalá se entrevistara sobre este aspecto a los delincuentes detenidos); un sector político minoritario que no acepta la derrota electoral (como los antifa en EE.UU. y los izquierdistas violentos chilenos) y aprovecha la ocasión para demostrar su voluntad de poder; la profunda crisis de fe que sacude a la Iglesia, incapaz ya de arrojar una luz sobrenatural sobre la realidad presente porque ella misma ha girado hacia la secularización y no puede más que balbucear los lugares comunes del humanismo, y, en fin, una enraizada transmutación de los valores humanos, la expansión del nihilismo. 

¿Queremos paz? Ganemos la guerra del espíritu.



Cristóbal Orrego Sánchez
Profesor de Derecho UC

(En El Mercurio, domingo 20 de octubre, 2019, A2)