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domingo, marzo 11, 2007

Los muertos, ¿cumplen años?


No escribo estas tonterías semanales con una finalidad directamente doctrinal, religiosa.

No escribo, de ordinario, sobre el Opus Dei. Es que, entonces, tendría demasiados lectores: ¡es un tema popular!

Recordarán, además, los lectores de la primera hora, la chilladera ésa cuando me las di de novelista con la verdadera historia tras El Código Da Vinci.

¡Nunca más!, por ahora.

Yo solamente quiero tener lectores a escala humana, que vayan abriendo las páginas de este cuaderno de bitácora poco a poco; que vengan atraídos por la curiosidad del boca a boca, por un sencillo “hay un chileno vuelto loco en la blogósfera”: ¿quieres reírte, llorar, pensar, rabiar, gemir, pasear solamente sobre las palabras ociosas de las que el Juez Supremo le pedirá cuentas?

Así, casi siempre sin entrar en lo teológico, ni en los malentendidos sobre el Opus Dei, voy sembrando a voleo la razón y la locura, las intuiciones y mi fe.

Hoy, con todo, es un día especial.

Escribo en el cumpleaños de don Álvaro del Portillo, el anterior Prelado del Opus Dei. No me puedo callar, no puedo dejar de celebrar por toda la bitacorósfera. Es el cumpleaños de un santo a quien yo conocí, a quien abracé y quise como a padre.

Don Álvaro cumple hoy noventa y tres años.

Mas, ¿pueden cumplir años los muertos?

“Ha dejado de existir”, dicen de los muertos. “No es Dios de muertos, sino de vivos”, dice el Hijo de Dios (cf. Lucas 20, 38). Y también: “deja que los muertos entierren a sus muertos” (Mateo 8, 22).

Ésa es la respuesta.

Solamente los muertos entierran a los muertos.

Parece que los muertos no cumplen años; pero solamente es así para los muertos, para los que los han enterrado, para quienes viven tan en la superficie de la vida que dejan de celebrar lo que amaron.

Hieden. Se mueven entre los olores hediondos de sus propios cadáveres. Entierran a los muertos.

Los vivos no entierran a sus muertos “porque para Dios todos viven” (cf. Lucas 20, 38).

Yo no he enterrado a Álvaro del Portillo. Actúa. No se deja enterrar así no más.

Álvaro, Álvaro, ¿qué me dices?

Álvaro fue estudiante, de los que estudian sin aspavientos, y sacó adelante dos carreras civiles y dos eclesiásticas. Tres doctorados. Escribo de memoria, es decir, de cariño. Pero no miento.

Álvaro fue perseguido por los enemigos de la fe. Soy testigo de con qué cariño habló una vez de ellos, sin juzgarlos: solamente Dios sabe de dónde vendría el odio, el resentimiento, de quienes estuvieron a punto de matarlo, de ese que jugó a la ruleta rusa sobre su cabeza, que puso el cañón del revólver dentro de su boca, que asesinó a un compañero que se atrevió a defender una imagen sagrada.

Álvaro fue soldado. Sirvió con las armas la causa de la paz. ¿O los soldados no pueden ser santos?

Álvaro fue sacerdote. Álvaro fue la mano derecha de san Josemaría. Más: su voz, sus oídos, su memoria, su Ángel Custodio. Álvaro llevó su alma: ¡le exigió a un santo para que fuese más santo!

Álvaro fue obispo. Don Álvaro fue el Padre en el Opus Dei, pero solamente como la sombra del Fundador, de nuestro Padre.

Sí, porque don Álvaro no enterró a san Josemaría. Él supo ser la sombra de una luz que no podía ni quería ver disminuir.

Solamente los muertos entierran a los muertos.

Don Álvaro desapareció para que la labor fundacional del Opus Dei alcanzara su epílogo necesario. Él llevó adelante la beatificación de san Josemaría. Él glosó sus escritos más íntimos, sus instrucciones más importantes. Él cumplió el encargo de configurar el Opus Dei como prelatura personal, una organización eclesial de sacerdotes y laicos, mujeres y hombres, en compacta unidad bajo un Prelado al servicio de una misión pastoral confiada por la Sede de Pedro para todo el orbe de la tierra.

Don Álvaro vivió para hacer realidad los sueños del Fundador. Don Álvaro quiso ir a donde san Josemaría había deseado y no había podido llegar: África, Asia, Oceanía, Estados Unidos . . . ¡Y Tierra Santa!

Don Álvaro no tuvo ni la simpatía ni la chispa ni el carisma insuperables de san Josemaría. Removía, sin embargo, a las almas a lo lejos. Era fuerte, sereno, alegre, extremadamente inteligente y prudente. Tendría algunos defectos, que en el alma de otros —en la mía— resplandecerían como joyas.

Don Álvaro fue un santo de tomo y lomo. Me contó personalmente un amigo, un hombre tibio, cómo se había removido solamente por verlo sonreír a la distancia, al pasar.

Los muertos, ¿cumplen años?

No. Parece que no cumplen años, porque salen del tiempo y pasan a la eternidad.

Sí. Parece que cumplen años, porque los vivos celebramos cada año suyo que pasa, cada año que su presencia sobrenatural nos enriquece, que su recuerdo lleno de cariño nos llama a superarnos, a alcanzar la misma meta.

Álvaro del Portillo y Diez de Sollano cumple hoy noventa y tres años.

Se escuchan sus voces serenas, esos llamados a ser fieles a nuestro compromiso de Amor. Se siente de una manera sobrenatural —espiritual, divina— el impulso suyo a ahogar todas las debilidades humanas, las propias y las de los otros, en un corazón magnánimo: ¡a no juzgar, a no condenar, a no guardar rencores!

¡A comprender, a disculpar, a ser agradecidos!

¿O no vemos que, en medio de los males de que tantas veces nos quejamos en exceso, nuestros semejantes son gentes buenas, muy buenas; que sería una arrogancia imperdonable tenernos como mejores?

No quiero negar las diferencias ni escamotear las dificultades de la convivencia ni canonizar lo que en tantas vidas va mal, comenzando por mí. Solamente recuerdo el ejemplo de comprensión que legó don Álvaro, quien, por otra parte, no dejó de corregir el mal cuando podía, y no omitió impulsar al bien a quienes tantas veces fuimos débiles.

Yo creo que los muertos no cumplen años porque todos están vivos para Dios.

14 comentarios:

  1. Bueno,ya sé porque me gusta leerte. Pocas veces tengo la oportunidad de leer textos inundados de pasión como los tuyos,independiente de su materia. ¿Tú cuándo cumples años?

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  2. buena pregunta J!

    pasa por mi blog! aunque no escribo con tanta pasión, ja ja, creo que TUS comentarios serían un gran aporte... porque los blogs los hacen, en rgan parte, los "foristas",

    Sls!

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  3. Cristóbal, viste que te recomiendan en Conoze.com?

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  4. Marta, estuve mirando tus blog, que diversidad de pensamientos e intereses!. Trataré de opinar en ellos, gracias por convidarme. :0)

    Sabes, concluí que no creo que sea la vanidad la que impida que Cristóbal revele la fecha de su cumpleaños, quizás sea pudoroso con esas cosas. Pero si logra vencer el pudor y nos cuenta, no le diremos a nadie. Además podría decirnos cuantos años cumple, pero esas ya son 2 preguntas y no hay que abusar.

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  5. Ladies: Yo sé qué edad tiene don Cristóbal, pero lo olvidé.

    Sir: Ayer escuché a nuestro ajedrecista Ivan Morovic decir que unas 3 ó 4 veces algo extraño le ha ocurrido, que ha estado a punto de abandonar un partido y una mano, que no es él, lo atrapa y dirige en la jugada, y acierta.
    Una mano poderosa se apoderó de la tuya cuando escribías.

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  6. A mi me enseñaron a respetar las ideas equivocadas, no hablo de Cristóbal, pero ¡viva la libertad!. También me enseñaron a saber escuchar y perdonar, para no vivir siempre lleno de rencor. Si se está con Dios, no me entra en la cabeza el poder hablar mal de alguien, de quien sea, pues es una falta de caridad y si se falta a esta dificilmente se estará con Dios. TANTO GUSTO, de leeros.

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  7. no, no queremos saber qué edad tiene, eso es poco importante! si no, cuándo está de cumplea..os (es que no tengo e...e), sino cuándo es su Geburtstag, para felicitarlo, generalmente pongo tortas de cumplea...os para mis amigos blogueros en alguno de mis blogs...

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  8. He eliminado un comentario que contenía una calumnia grave contra un santo de la Iglesia católica. Respetar la libertad de opinión, cosa que hago con gusto respecto de quienes critican mis opiniones, no significa hacerse cómplice del mal cometido por otros, ni del pésimo gusto, ni del sectarismo o el resentimiento.

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  9. Muy bien Cristóbal. Como mi comentario es referente a ese eliminado ... Da igual. Estoy leyendo ahora el libro de Vázquez de Prada, el tomo III, cuando sobre un asunto decía san Josemaría: callar, rezar, sonreir y trabajar. Pues eso.

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  10. Lástima que borraras el post de “Buscoalgobarato” o algo así. Bueno, eres consecuente predicas y practicas la discriminación y la censura, es tú blog y puedes hacerlo. Creo que era mejor rebatir con argumentos contundentes más que eliminar simplemente, eso me dice: “Te borro porque no te quiero leer”, cuando perfectamente podrías haber contestado que su opinión carecía de fundamento, si es que en efecto así lo era. Es gracioso ver a los adultos hacer berrinches. A propósito de lo mismo, traté de opinar tú columna en El Mercurio, pero me censuraron, creo que escribí infierno y herejía, no notaron la cuota de humor de mi post. Anfán.

    Concuerdo con Marta, queremos saber la fecha de tú nacimiento, confieso que he estado tentada a “Guglearte” y saber esos datos, pero prefiero obtener la información de la fuente misma. Trataré de pensar que no es vanidad lo que te lleva a ocultar el dato, si no más bien la necesidad de apegarse a un estricto sentido de seriedad en la temática del blog. En ese caso ¿Tienes un mail dónde se te puedan hacer preguntas menos formales?.

    Un abrazo!

    J.

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  11. Estimada J.

    A veces yo también he tenido problemas para que aparezcan mis propios comentarios (o respuestas) en el blog de El Mercurio. Parece que hay problemas técnicos a veces, pues al menos a mí me han dicho que no me han censurado, sino que no llegó el mensaje. (Si esto le pasa al autor, a los lectores más todavía: no creo que te censuren por usar palabras como las que citas).

    Yo pienso que uno puede hacerse cómplice de las calumnias o difamaciones si les da curso, pudiendo impedirlas. Por eso, distingo entre las opiniones con las que no concuerdo (que respeto y no solamente tolero) de las agresiones verbales, las calumnias, etc., de las que no me hago cómplice (por eso las borro en el caso de darse, lo cual ha pasado una sola vez en mi blog).

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