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miércoles, marzo 24, 2010

La Nación apoya a las madres: mensaje para el SERNAM

La Nación recoge este artículo, de mundial actualidad:

La buena madre y política moderna



Por Katrin Bennhold (*)

Pese a la desaprobación de los conservadores de su partido, la nueva estrella en Alemania es una madre de siete hijos que combinó la maternidad y su carrera.

Lo que irrita de Ursula von der Leyen a los conservadores de su partido es que posee las que en la Europa moderna pasan por impecables credenciales conservadoras: está casada, bendice la mesa todas las noches y tiene siete hijos. De manera que cuando la popular ministra subsidia a los padres para que cuiden a sus hijos, o se palmotea el trasero cuando el diario Süddeutsche Zeitung de Munich le pregunta qué parte del cuerpo mira primero en un hombre, es más difícil todavía atacarla.
Peter Ramsauer, del partido bávaro hermano de los democratacristianos lo intentó, murmurando que los hombres no necesitaban “una beca para cambiar pañales”. La bávara Maria Eichhorn, miembro desde hace mucho tiempo del Parlamento, advirtió que la ministra amenazaba la institución del matrimonio. Pero Von der Leyen, de 51 años de edad, pasó por alto las críticas y siguió hablando de su familia: de cómo su Ph. D. en Medicina y su carrera no le impidieron tener hijos. De cómo su esposo, un profesor de Medicina, trabajó a tiempo parcial durante años para estar con los hijos, que tienen ahora entre 10 y 22 años.
En un país donde estadísticamente las mujeres tienen 1,38 hijos y sólo 6% de las madres retoman un trabajo a tiempo completo luego de su segundo hijo, Von der Leyen (primero ministra de la Familia y ahora de Trabajo) es difícil de creer. “No puedo existir en Alemania”, dijo en una entrevista. Cuando su celular sonó en medio de la conversación, contestó y le aseguró a una hija que estaba casi por partir a casa. Luego mostró su regalo favorito de Navidad: un collage fotográfico de sus cuatro hijas, tres hijos, más perro y caballo.
Se necesitó una madre tradicional aunque mentalizada en su carrera para empezar a derribar tabúes que son tan antiguos como la misma Alemania. Los diarios la llaman “Supermamá”, “Madre de la Nación” y “Revolucionaria de la Familia”. Algunos señalan sus conexiones: su padre fue primer ministro de la Baja Sajonia. El dinero jamás fue un tema. Siempre tuvo a una señora de la limpieza, una niñera, pero nunca al “mayordomo” que afirman algunos resentidos colegas de partido. Algunas feministas encuentran embarazosa su piedad. “Esa mujer”, suspiran. Pero Von der Leyen parece tener el sostenido apoyo de los alemanes de clase media que ya no pueden permitirse tener una mujer que se quede en casa y críe a los hijos. Sobre todo, ella no tiene dudas de que Alemania estaría mejor si más mujeres fuesen como ella. “Se que soy una buena madre”, dice, sonriendo.
No siempre estuvo tan segura. En la época en que tenía tres hijos y era una doctora a tiempo parcial que trataba de trabajar cerca de un kindergarten que cerraba a la una de la tarde en Alemania del norte, su esposo obtuvo una beca en la Universidad de Stanford (Estados Unidos). La familia se trasladó a California por cuatro años, llevando consigo un equipaje emocional. “Llegamos de Alemania acosados por la culpa”, dice. “Me preocupaba ser una mala madre. A mi esposo le preocupaba si no debería trabajar aún más fuerte”.
Los años en California, donde estudió Economía de la Salud e hizo investigación en Stanford, fueron un punto de inflexión. “Fue la primera vez que no se me criticaba como madre por querer trabajar o como profesional por tener hijos”, dijo. “Por el contrario, la actitud en Estados Unidos era: tienes hijos, eso está muy bien. Ahora trabaja porque tienes que pagar el colegio”. “Fue liberador”, dijo. Tan liberador que tuvo otros cuatro hijos y, en 2001, entró a la política.
Un año más tarde era ministra de la Familia de su estado natal de Baja Sajonia y en 2005 la Canciller Angela Merkel la llevó a Berlín. Von der Leyen se convirtió en una estrella nacional, superando a muchos de su partido que habían servido años con la esperanza de una catapulta similar. Desde entonces, se ha empeñado en rehacer a su país más o menos a su imagen. Si Alemania no atiende a las mujeres educadas que quieren tener hijos y una carrera, ellas se irán de Alemania. “Cuando la señal es ‘si tienes hijos estás fuera’, entonces quienes quieren trabajar tienen dos opciones: no tienen hijos o emigran”, dijo Von der Leyen. Espera que la “fuga de cerebros femeninos” sea evitada. “Las cosas están cambiando. Cuando mis hijas hayan crecido dirán, ‘¿cuál era el problema?’”.



(*) Herald Tribune, derechos exclusivos para La Nación

2 comentarios:

  1. En Chile hay muchas mujeres así que tienen varios hijos y profesionales. Eso se da más que nada en las familias conservadores. Sin embargo, a los propios liberales de derecha, dichas familias se convierten en una anomalía, casi como un defecto.

    ´Por la carta de esa mujer, ahí tienes otra razón de porqué Estados Unidos es una nación conservadora. Para ellos es normal su número de hijos, pero para la 'vieja europa' en el sentido despectivo que le dio Cheyney, es un anomalía.

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