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domingo, marzo 15, 2009

Salvemos Vitacura (y a la Alianza)

El plebiscito de hoy en Vitacura puede significar un punto de inflexión en el camino ascendente de la Alianza por Chile. Hacia abajo, hacia el desencanto de los conservadores, que pueden terminar absteniéndose de votar Sebastián Piñera. Y no me refiero solamente a los miles de vecinos que hoy votarán por el NO, que quizás serán derrotados.
A veces, un movimiento milimétrico en un rincón de un puesto de retaguardia provoca, como de rebote, efectos insospechados en todo un ejército. El cuento de la guerra perdida por un mensajero que perdió un caballo porque perdió una herradura por perder un clavo . . . es el cuento de nuestra política de derechas.
Recordad el famoso “naranjazo” de 1964. En la elección complementaria para sustituir al difunto Óscar Naranjo, diputado socialista por Curicó, fue elegido su hijo homónimo, con el 40% de los votos. Entonces asistimos a un caso típico de análisis político de la derecha tradicional, de esa a la que, como al Presidente de la UDI, no le gusta recibir críticas “de los nuestros”. Su análisis “racional” está gobernado por el temor y por el pragmatismo a la vez. ¡Qué combinación tan poco feliz!
La derecha, aterrada, creyó que el pueblo era ya casi socialista, que elegiría a Allende, a menos que todos, todos, disciplinadamente, se unieran bajo el nuevo candidato ungido como el “del sector”. Había que votar por el famoso y nunca suficientemente venerado “mal menor”, que era don Eduardo Frei Montalva. A nadie se le ocurrió pensar que el pueblo chileno hubiera votado influido por otras consideraciones, como que el justo sucesor del diputado Naranjo debiera ser su hijo, el del mismo nombre, a quien todos compadecían por la sensible pérdida.
Mi punto, ahora, es que un pequeño acontecimiento comunal, el “naranjazo”, cambió la historia para peor. Pero no por azar, sino porque la derecha reaccionó mal.
En Vitacura, hoy, puede suceder algo parecido.
Se ha trabado una contienda desigual con ocasión de un cambio propuesto a las normas de edificación. Sobre la cuestión de fondo, arquitectónica y urbanística, tanto los arquitectos como los vecinos se hallan divididos. Yo he compartido siempre la visión urbanística conservadora, contraria a la depredación liberal del espacio público, que es un bien común. Sin embargo, esta opinión mía sobre cuestiones urbanísticas es poco importante al lado de la interpretación política de este plebiscito.
Si la Municipalidad gana, será un triunfo de la alianza entre el poder político —en este caso, de la derecha— y los intereses económicos de las inmobiliarias. Así está planteado el asunto: los vecinos débiles y de sentido humanista —nada menos que Cristián Warnken los avala— en una lucha desigual contra los poderosos, contra el poder político y el capital codicioso.
Todos los que han seguido este debate por la prensa han podido constatar que la Municipalidad, lejos de exhibir imparcialidad entre los vecinos, ha hecho campaña con desproporción de medios económicos y propagandísticos. Incluso algunos han escrito cartas que han llegado a insultar a los disidentes, como, otra vez, al señor Warnken. Ya el colmo fue una carta a nuestro Director que sostenía que, aunque aumentara la densidad poblacional con los edificios más altos, en fin, no iba a cambiar la tendencia demográfica de la comuna. (Igual agradecí esa humorada, porque uno necesita reírse un poco en las mañanas, y eso de que la densidad de la población aumente mientras disminuye la población total, sí, me hizo gracia, qué quieren que les diga).
Les cuento, por transparencia, que soy amigo de una de las familias que lucha con denuedo contra la Municipalidad. Por eso, estoy mejor informado de todas las artimañas del poder político y económico contra los vecinos. Esto no significa nada respecto de mi opinión urbanística, ni política, que la tengo desde mucho antes de conocer a Rodolfo Terrazas, a quien apreciaría igual que ahora si opinara todo lo contrario. No soy de los que forma sus opiniones políticas de acuerdo con el qué dirán de sus amistades, como bien saben mis mejores amigos. Si fuera tan deleznable mentalmente, tendría que ser de izquierda y de derecha a la vez, y la verdad es que no estoy dispuesto a ser democratacristiano.
El asunto aquí es otro, netamente político. Yo querría que la Alianza por Chile llegase a La Moneda cuanto antes. A diferencia del finado Hermógenes, no tengo ninguna objeción contra el actual candidato presidencial en sí mismo considerado. Por eso me preocupa que un detalle, el desigual plebiscito en Vitacura, termine remachando en las conciencias de todos, incluso de los conservadores, que la coalición opositora es una alianza por el poder y por el dinero, y nada más.
¡Qué entusiasmante!

1 comentario:

  1. Al parecer ganó la sensatez.
    Me gustan las plazas y soy contrario a su destrucción. No creo que tenga que ver la ideología liberal la destrucción de las plazas, más bien a la avaricia de los alcaldes que cambian los planes reguladores. Por ejemplo, en Viña cuando se formo el nuevo barrio de Jardín del Mar en un principio iba a ser un sector de casas. Luego cambiaron y aparecieron las torres y edificios. Alcaldes de la Alianza y de la Concertación lo han permitido, porque al tener edificios el municipio recibe más plata. ¿Cuál es el refrán del chancho?

    En último instancia, es el poder político el que decide.

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