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domingo, noviembre 02, 2014

Algunas respuestas a la persecución del lobby gay


El Jefe de Apple hace pública su homosexualidad y se llena de aplausos y de respetos. El CEO de Mozilla, que —si no recuerdo mal— también aprueba la homosexualidad, dona dinero, sin embargo, a favor de la campaña que define el matrimonio como un asunto entre un varón y una mujer. Y es que se puede considerar lícita la conducta homosexual (error) y aun así saber para qué es el matrimonio (algo que sea). Mas he aquí que el dato sobre su noble acción pro matrimonio es filtrado a la prensa; el lobby gay de EE.UU. lo acosa y finalmente lo derriba: lo obligan a renunciar; pierde su trabajo. ¿Es eso igualdad o discriminación? ¿No confirman los hechos mi teoría de que el clóset no puede quedarse vacío, y de que los defensores del (antiguo) sentido común están entrando en él gracias a la fuerte estrategia del lobby gay?

Pues aquí en Chile sucede que una empresa de publicidad “desvincula” a un trabajador por comentarios calificados de “homofóbicos”, y un activista gay publica en su Tweeter la hazaña: logran dejar sin trabajo a un ciudadano que les resiste. En solidaridad con la pobre víctima, a quien no conozco, publico en mi Facebook una tesis que he defendido con argumentos sociológicos y académicos en otra sede, a saber, que los gays no se contentarán con salir del clóset, sino que nos meterán al clóset a los que nos opongamos; y añado que estoy dispuesto a sufrir la misma injusticia si las autoridades católicas llegaran a ceder ante la presión mediática. El mismo activista gay publicó en las redes sociales mis afirmaciones, calificándolas, como suelen hacer estos nuevos ideólogos con un concepto inventado y despectivo, de homofóbica, y así comenzó otra persecución contra los que se les oponen. En este caso, se sumaron declaraciones de organizaciones estudiantiles intolerantes. Una de ellas armó incluso una manifestación en el patio de Derecho de la Universidad de Chile, exigiendo mi expulsión… para hacer más pluralista la Universidad (en serio). Y así salieron a gritar otros activistas gay, incluso un profesor UC que defiende esa ideología y forma de vida, con escándalo de los fieles y grave traición a la misión de nuestra Universidad. Y luego aparecieron opinantes de toda especie, incluso los que piensan como yo pero prefieren comentar acerca de mi uso del punto y coma, ya que la ocasión es propicia.

Me he limitado a rechazar todos los cargos como calumniosos, a reiterar la defensa de la moralidad pública, a negarles la supuesta superioridad moral que quieren autoasignarse y a exigir que se respeten las reglas de la discusión racional en el ámbito público. No tienen derecho a tergiversar lo que digo, a poner en mi boca lo que no he dicho y hasta detesto (me acusaron de declarar una “guerra santa”), a promover el odio contra mi persona al asignarme intenciones o motivos falsos.

Gracias a Dios, tras una semana de haber denunciado este intento gay de quitarles sus trabajos a los que resisten varonilmente, y de haber sufrido yo mismo su ira y su persecución llena de calumnias, ya son decenas de mensajes de apoyo contra el lobby gay y su griterío agresivo.

Sin embargo, debemos constatar que la gente tiene miedo. Las preguntas por si yo tengo miedo a posibles ataques físicos y fanáticos se repiten, lo cual demuestra que hay miedo en el ambiente. Un ejemplo, de un mensaje recibido, entre varias otras preguntas directas: “Tenga cuidado... Algunos ... son radicales y la ira corre por sus venas. Mantener una actitud prudente lamentablemente creo que será lo mejor.
 Lo felicito por su valentía de todos modos”.

Hay miedo.

Me aconsejan prudencia. Concuerdo, siempre es una virtud. Pero alguna forma de dejar claro quiénes son los fanáticos y odiadores puede ser tener que sufrir por la verdad. Incluso por parte del “fuego amigo”, como me decía otro.

Entre el fuego amigo, el de un buen católico que cita al Papa Francisco truncado: la entrevista donde termina con su clásica frase “¿quién soy yo para juzgar?”. Mi amigo añade: “(Nada más que decir.)”.

Pero hay mucho más que decir, le respondo, porque con sola esa cita se hace aparecer al Papa como del lado de los que apoyan la conducta homosexual y ese estilo de vida. Y eso es falso. Él se refiere a “no condenar” —no pretender ser el juez último de las conciencias, que es Dios— al que está haciendo un esfuerzo por acercarse al Señor y tener buena voluntad, a pesar de su pecado (todos cometemos pecados).

Por eso, porque soy hijo de la Iglesia (como dice el Papa para reafirmar toda la doctrina de la Iglesia contraria a la homosexualidad, que está clara y es bien conocida), yo seguiré diciendo que la conducta homosexual es pecado. Ojalá logremos rescatar a muchos del engaño en que los meten con la ideología de género, haciéndoles pensar que sus inclinaciones o tentaciones constituyen una identidad.

Y ante el fuego graneado de los que quieren que me meta en el clóset o que las autoridades académicas me sancionen, debo recordar el ejemplo de Robert P. George, el profesor de Princeton que, como otros en Oxford, Harvard, etc., nunca ha sido amenazado por sus autoridades académicas con sanción de ninguna naturaleza, ni menos con exigirle retractarse, por defender la necesidad de resistir la ideología de género, por afirmar que la sodomía es intrínsecamente desordenada, por decir lo que piensa sin agredir objetivamente a nadie (salvo, claro, que la percepción distorsionada de algunos gays les hace sentir como agresión personal lo que es la justa crítica de sus malas obras).

A un grupo de fanáticos se les ha ocurrido que pueden conseguirlo en Chile, que la libertad y el pluralismo de la Universidad de Chile mejorarían con un castigo ejemplar de este profesor. Es necesario tener una concepción autocrática del pluralismo para no ver que esas medidas serían ya la mordaza definitiva de los demás profesores y estudiantes. De hecho, la mayoría de ellos ya están amordazados. En la Universidad de Chile hay miedo de discrepar del lobby gay: ya casi se acaba el pluralismo interno en esta materia.

Entre esas reacciones injustas, destaca una declaración anónima de un grupo político estudiantil, CRECER, de la UC. También me calumnia gravemente.

Todos ellos tienen que entender que ejerceré la libertad de llamar mal al mal, sin por eso dejar de estimar en todos su dignidad de personas y de hijos de Dios.

Todas las atribuciones de especiales motivaciones, un supuesto discurso de odio y discriminador, y el largo etcétera típico del lobby gay, son inaceptables: son el arma, que demasiadas veces les ha resultado, para acallar a sus críticos.

Por eso, espero que la autoridad de la UC defienda tanto la doctrina católica sobre la homosexualidad como la libertad y el deber de los profesores de defenderla por todos los medios legítimos, incluidas las redes sociales.

Tenga en cuenta el lector que una estrategia del poderoso lobby gay es calumniar de tal manera a sus adversarios, que no se atrevan a seguir criticándolos, que no levanten cabeza. El lobby gay fue rechazado por el Papa Francisco en la misma entrevista donde afirmó que a los gays que buscan al Señor y tienen buena voluntad quién es él para juzgarlos. Y se entiende el rechazo, porque el lobby está bien metido en la Iglesia y se expande, y corromperá a mucha gente si no se lo ataja. Como una manera de resistir esa estrategia ruin, la de golpear hasta obtener un castigo o una humillante retractación, aun a riesgo de experimentar nuevas olas de violencia (por ahora es solamente verbal: pero mis amigos tienen miedo), seguiré haciendo eco a otras personas que muestran la verdad sobre el matrimonio.

Si todos los que piensan como yo se acostumbraran a decirlo con seriedad, serenidad y firmeza, el lobby gay vería que no puede atacar impunemente. Pero parece que comenzamos a reaccionar solamente cuando nos tocan a los niños.


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P.S.: Un amigo me aconseja escribir en lugares más serios que Facebook, como un diario electrónico. Autorizo a cualquiera de ellos a reproducir esta columna, si va entera y sin modificaciones. Sería una gran cosa que los diarios no se dejaran intimidar por estos chicos.

P.S.: Otro amigo me dice que escriba algo más serio que una defensa del inocente en Facebook (que fue lo que dio origen a todo: un ciudadano privado de su trabajo por rechazar la sodomía), como un artículo académico o un libro. Le digo que lo haré, si consigo financiación para publicar y distribuir el libro. Si alguno de los millonarios que leen esto se anima, que me llame. 


5 comentarios:

  1. Cristóbal: te has superado a ti mismo con este artículo. Muchas gracias por tu valentía.

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  2. Si yo hablara de los afroamericanos o de cualquier minoría en el modo en que Ud. y otros se dan el lujo de hablar de los gays, no me sorprendería perder mi trabajo. Sería esperable y hablaría bien de la sociedad que así lo hiciera. Por otra parte, seguro que también había esclavistas que se sintieron mártires de la causa de la esclavitud, injustamente perseguidos por los liberacionistas ("esos degenerados"). Y no diga que tener la piel de un determinado color no es lo mismo que ser gay pues efectivamente es lo mismo: nadie escoge su orientación sexual, del mismo modo que nadie escoge su color de piel. Ud. dirá a eso, seguro, que se refiere a los gays "practicantes", es decir, a aquellos que viven su homosexualidad. Al respecto solo puedo decir que la idea de que las relaciones sexuales consentidas entre personas del mismo sexo ofendan a alguien (al orden del cosmos, a Dios, al panteón griego, a los fantasmas que merodean por ahí) me parece sencillamente una superstición. Sea valiente y ataque con la misma virulencia que a los gays (una minoría vulnerable) a, por ejemplo, los fornicarios. Vaya y dígale a sus alumnos lo mismo que a los gays, mutatis mutandi (use, por favor, los mismos epítetos). Luego puede venir y hacerse la víctima en este blog, que es lo que se le da mejor (y queda además de lo más varonil).

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  3. Don Pedro Fernández: no se enoje. Hagamos lo posible por difundir estas cosas horribles y que los lectores se formen su opinión acerca de si vale la pena detenerlas o no. No se haga cómplice.

    La doctrina sobre la fornicación la enseño y defiendo de la misma manera (digo que la fornicación es pecado, y que se puede superar con la gracia de Dios), y si hubiera un "lobby de los fornicarios" enseñando como bueno lo que es malo en todas partes, les haría frente de la misma manera. Pero es lobby no existe.

    Los únicos agresivos hasta ahora son los del lobby gay. Los únicos que consiguen privilegios que ninguna otra colectividad ha conseguido. El problema es que tienen una sensibilidad fina que les lleva a ver virulencia donde simplemente hay igualdad de trato.

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  4. Yo no me he hecho cómplice de nada. Me parece que Ud. convenientemente obvia ciertos hechos (como el ocultamiento sistemático de la Iglesia, etc. etc.etc.). En fin, en cuanto al lobby de los "fornicarios" (me da risa la expresión, le confieso), no existe porque no es necesario, pues los heterosexuales son la inmensa mayoría y nadie los persigue por "fornicar". Cuando digo que vaya y les hable a sus alumnos como habla de los gays me refiero a que vaya y les diga a sus alumnas que son "rameras" (o algo parecido y ofensivo, como "maricas" u otra de esas expresiones que Ud. utiliza)... vaya y luego me cuenta qué hacen sus alumnos. Le confieso que eso me gustaría verlo.

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  5. Estimado Pedro Fernández:

    Mejor venga a verme para que conozca de primera mano cómo trato a las personas, en su individual dignidad, a diferencia de cómo fustigo el mal. Si nos vemos las caras, quizás su hostilidad baja un poco de tono.

    Lo saluda cordialmente.

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