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martes, julio 07, 2009

Iglesia y argumentación racional: contra la intolerancia laica

Publicada en El Mercurio de hoy. Mi título era el de arriba, pero el editor del diario le puso el de la columna de Carlos Peña. Un guiño de ojo.

Cartas 
Martes 07 de Julio de 2009 
"La osadía conservadora"

Señor Director:

Carlos Peña ha sido inusualmente breve este domingo. Todo es sencillo. La opinión eclesiástica no debe inspirar la legislación estatal porque algunos ciudadanos, como él, no son convencidos por los argumentos católicos. Todo lo demás es adorno retórico, porque el columnista no presenta los argumentos de la Iglesia, sino burdas caricaturas. En todo caso, queda claro que no se trata de la píldora, sino de imponer la matanza de inocentes solamente porque algunos no entienden el argumento central en este debate, que es que jamás es lícito matar a un ser humano indefenso.
Y resulta demasiado fácil, pero inaceptable en una comunidad de ciudadanos libres e iguales, que algunos señores, solamente porque discrepan de la Iglesia Católica, puedan ahorrarse la molestia de argumentar con razones, o puedan evadir la carga de formular los argumentos de la Iglesia tal cual ellos son.
Los ciudadanos pro vida (no todos son católicos, ni todos los católicos son pro vida) no somos ciudadanos de segunda clase. Tenemos buenas razones para oponernos al aborto directo, en cuanto homicidio de un ser humano inocente. Y si convencemos a nuestros conciudadanos a través de los cauces de la participación política, mediante la argumentación racional, podemos imponer coactivamente esta visión del asunto, tal como se impone coactivamente el respeto de los otros derechos humanos.
Invito al profesor Peña a entrar en el debate racional.
Cristóbal Orrego

3 comentarios:

  1. Estimado Señor Orrego, el problema acá es el siguiente... según mi punto de vista. Ocurre que para Peña es muy importante, es vital diría yo, el ser valorado por su capacidad de raciocinio. Más claro aún, le motiva que la gente lo considere inteligente. Y como siempre está funcionando en torno a eso, a la intelectualidad por la intelectualidad (para ser valorado, para ser querido), es que cae en grandes confusiones, porque se pierde el punto. Y el punto aquí es que (de tanto intelectualizar) no logra percibir la realidad del problema: que los niños inocentes no tienen voz para defenderse. Alguien tiene que hablar por ellos. Que la Iglesia aquí, o allá, o que el obispo, que Fulano, que Mengano, no tiene nada que ver. El tema insisto, son los niños inocentes, en definitiva la Vida como forma de manifestación de divinidad, de algo perfecto que no nos corresponde intervenir ni interrumpir.

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  2. buena carta!

    pero yo no escribiría "coservadora"!

    los católicos no somos conservadores! somos revolucionarios!

    al menos algunos de nosotros!

    Saludos!

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  3. ¡Tanto que inflan a Peñita! Si es sólo un latero más, que en cierto sentido vive de la polémica inútil.

    J.

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